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Atenea seguía sentada afuera de la oficina de la directora, con todos los demás mirando al piso, apenados por la situación. 

— Bonita, yo...

— Cállate, Cole — lo detuvo Atenea  mirando a su amigo enojado—. De verdad, cállate. 

Habían pasado unos minutos y Katherine salió de la oficina y todos la miraron, ya que se había puesto enfrente de ellos. 

— Alex y Cole, su suspensión es de tres días. Los demás están suspendidos hasta mañana, nos vamos a casa. — Katherine comenzó a caminar mientras todos la veían —. Ahora. 

Todos agarraron su mochila rápidamente para seguirla, sabiendo que pronto recibirían un castigo. 

Y así fue...

Ahora todos, estaban sentados en el comedor. Atenea ponía una bolsa de verduras frías en su labio para bajar lo inflamado que tenía. 

— Su madre y yo no toleramos las peleas —comenzó George —. No es algo nuevo, ¿o sí?

—Ya no son niños pequeños, deben resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia. Por culpa de ustedes dos, Atenea salió lastimada. 

Atenea bajo la bolsa de verduras congeladas para ver a Katherine y George con pena; sin duda, lo que menos le gustaba era tener una discusión con ellos por los chicos. 

— Mírame ahora —ordenó Katherine para tocar el hombro de Alex, quien volteó a verla —. Ustedes son hermanos, lo que tienen es valioso y es fácil y Dios sabe que lo pueden perder en segundos. Están castigados por un mes. 

—¿Qué?
—No
—¿Y la división para la obra?

— Puedes ir a la audición de la obra, pero solo porque es parte de la escuela

— Y van a hacer tareas adicionales antes de la escuela  hasta que diga lo contrario. 

— Eso no es justo, nosotros no pelamos —comentó Lee, señalando a los no involucrados en la pelea. 

— ¿Perdón? —interrogó Katherine, más que enojada —. Piensas que es solo por lo de la pelea. Sabemos que todos han mentido por Cole mientras él mete chicas a su cuarto a media noche. Está bien tener límites, está bien que tengan privacidad, pero no está bien mentirnos y engañarlos. 

Todos comenzaron a agarrar sus cosas para irse. Atenea no se movió de su lugar mientras seguía mirando a Katherine, la cual seguía enojada. 

— Esperen, ¿dijimos que pueden irse?—interrogó Katherine y todos se volvieron a sentar algo cansados —. Todos ustedes se quedarán en esta habitación hasta que estos dos resuelvan a todos. 

— Mmm.

— Buena suerte. 

— Considérenlo, lazos familiares. 

Katherine y George salieron del comedor mientras Atenea hacía su cabeza hacia atrás. 

— La próxima vez dejo que se maten —comentó Atenea y todos la miraron, y ella miró a Cole para luego mirar a Alex —. Sobre todo ustedes dos. 

— Voy a practicar —informó Dany sacando su monólogo para comenzar a hablar. 

Atenea recargó su cabeza en la mesa, sabía que Dany no se iba a detener hasta que fuera de noche o hasta los cansará de escucharlos. 

— Si ya te lo aprendiste —comentó Isaac, fastidiado —. Todos ya no los aprendimos 

— Sí, concuerdo con Isaac. Basta — pidió Nathan para mirar a Cole y Alex cansados— y ustedes ya podrían resolver todo esto, porque esta pelea nos está afectando a todos. 

— Ah... sí, sin embargo, parece que me afecta más a mí, no. Yo soy el que tiene el ojo morado. 

—¡Y yo tengo el labio roto por tu culpa! —gritó Atenea cansa mientras se ponía de pie y mirando con enojo a Cole, mientras todos la miraban sorprendidos por su reacción—. Así que, de verdad, cállate, Cole. Cállate, cállate y no digas nada más, porque lo único que quiero en este momento es matarte a ti y al otro imbécil que está al otro  lado de la mesa. — La chica señaló a Alex en la otra esquina de la mesa mientras lo mira con cansancio. — Los dos son unos idiotas, se pelan por chicas, las cuales los quieren para un momento de placer. ¿Por qué para eso es para único que funcionas, Cole Walter? — Atenea, miró a Danny — Danny, de verdad me duele la cabeza, así que, por favor, para con tu monólogo no estoy de humor y no es el momento, así que siéntate y cállate. — Atenea miró a Nathan para después pasar su mirada hacia Alex, ya que no tenía nada que decir para él. — Alex tú eres un imbécil en vez de que le digas a Cole que hay una chica que te gusta lo único que haces es cerra la maldita boca y ver cómo Cole te la quita para que después llegue otra y pase lo mismo de nuevo — Atenea 
miro a Lee tampoco tenía nada que decir de él y luego miro a Isaac tampoco tenía nada que decir de él

— Otra bolsa fría para tu labio, Atenea — apareció Katherine entrando y dándole una bolsa a la nombrada. 

— Gracias, Kat — Atenea le sonrió y Katherine desapareció del lugar. La castaña miró a ambos hermanos — Aclaren sus malditos problemas, pidan una maldita disculpa, dense un abrazo y acabemos, contesta estupidez de una buena vez.  

Atenea se sentó en su lugar sin decir nada más. Mientras todos se quedaban en silencio, sabían que Atenea de verdad estaba enojada con ellos o, mejor dicho, con Alex y Cole. 

— Yo no inventé el rumor de que lloraste como un debilucho. Ojalá lo hubiera hecho, ¿por qué me delataste con papá, pero no lo hice? —comentó Cole mirando a Alex. 

— Yo no te delaté —aseguro Alex y miró al frente —. Está bien. Debí haber dicho que no, pero no lo hice. ¿Por lo que dijiste de Jackie en la fogata? 

—¿A qué se refiere?—interrogó Atenea mirando a Cole. 

— ¿Sí, qué dijiste de Jackie en la fogata? —preguntó Lee queriendo saber. 

— Si yo también quiero saber —comentó Danny. 

— Oigan, y si nos enfocamos —dijo Nathan. 

—¿Sabes que, Alex, te perdono por golpearme? Pero lamento mucho que no puedas superar los celos que me tienes de mí. 

— ¿Celos? ¿De alguien que nunca va a lograr más de lo que logró en su segundo año de prepa? — preguntó Alex incrédulo y Cole se puso de pie para acercarse a él con enojo

— No te pases, Alex —comentó Lee, e Isaac se acercó a Alex para ponerse enfrente de él. 

—Mátense entre los dos — susurró Atenea, cansa de pasar por lo mismo de nuevo. 

— ¡Nathan! — Atenea se puso de pie tan rápido como Nathan cayó al piso corriendo hacia él. 

— Nathan… maldición, chicos, vayan por Katherine y Georg— pidió Atenea poniendo la cabeza de Nathan en sus piernas. 

— Traigan a mamá y papá corran — ordenó Cole acercándose a Atenea y Nathan, preocupado. 

 

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