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Isaac entró a la sala donde estaba su novia acostada en el sofá mientras veía su teléfono con toda la calma en ella

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Isaac entró a la sala donde estaba su novia acostada en el sofá mientras veía su teléfono con toda la calma en ella. 

— ¿A qué juegos vas a quererte subir en la feria?—interrogó Isaac y Atenea le sonrió para sentarse. 

— A la rueda de la fortuna — respondió Atenea, poniéndose de pie y con una sonrisa —. Y a dónde tú quieras llevarme

— Pues vámonos, ¿por qué afuera está tu hermano?—— pidió Isaac juntando sus manos — Adiós, tía Katherine, nos vamos a la feria. 

— Adiós, niños, diviértanse — gritó Katherine desde la cocina. 

Isaac caminaba agarrado de la mano de su novia mientras caminaban por la feria del condado, mirando los puestos y decidiendo qué iban a jugar. 

— Quiero un algodón de azúcar de color azul — anunció Lee metiéndose en medio de la pareja —. ¿Quién me lo compra?

— ¿Qué no trajiste dinero? —interrogó Isaac mirando a su hermano. 

— Sí, pero como son mis papás tienen que hacerse cargo de su hijo, o sea yo — respondió Lee con una sonrisa mientras miraba a Atenea —. ¿Me compras un algodón, mamá?

— Lee 

— Por favor

— Bien — aceptó Atenea y Lee jalo su mano para acercarse a un puesto de algodones de azúcar — Pídelo Lee. 

— Pero tú eres mi mamá — respondió Lee y Atenea lo miró con cara de en serio —. Por favor

— Buenas tardes. ¿Me da un algodón de azúcar, por favor, de color azul? — pidió Atenea mirando a la señora. 

— Claro, mi niña — respondió la señora para darle un algodón de azúcar de color azul a Atenea, quien le dio el dinero. 

— Gracias — aceptó Atenea para darle el algodón de azúcar a Lee —. 

— Gracias, mamá —comentó Lee para comenzar a comer su algodón de azúcar. 

— Lo estás consintiendo mucho — susurró Isaac abrazando a su novia por la espalda para seguir caminando

— ¿La montaña rusa? — pidió Lee mirando a la pareja —. ¿Sí? 

— Mmm — Atenea miró a Isaac sabiendo que odiaba esos juegos de alturas y velocidad. — A Isaac no le gustan. 

— Está bien — aceptó Isaac mirando a Atenea —. Subamos, ¿qué dices?

— Bien. 

Ambos comenzaron a caminar mientras Lee caminaba enfrente de ellos, mientras seguía comiendo su algodón de azul muy feliz, como si de un niño pequeño se tratara. 

Estaban formados en la fila para subirse a la montaña rusa. Se subieron cuando llegó su turno, sentándose Lee. En medio de ambos, el trabajador les puso el seguro a los tres para ponérselos a los demás. 

— Listos

—¡Sí!

El juego comenzó a avanzar mientras Lee sonreía. Atenea miraba la feria del condado con una sonrisa. Isaac miraba a Atenea con una sonrisa y le gustaba verla distraída. ¿Por qué era el momento donde ella apreciaba más las cosas y sin que se diera cuenta la admiraba  el juego? Comenzó a subir hacia arriba y los tres se miraron para verse con preocupación. 

— Ya no quiero ver —informó Lee acercándose a Atenea y cerrando sus ojos. 

El juego se detuvo para luego comenzar a inclinarse yendo a una velocidad muy rápida, haciendo que todos gritaran mientras Lee abrazaba a Atenea, la cual solo gritaba al igual que Isaac. 

—¡Le suelta a mi esposa! —gritó Isaac mirando a su hermano, quien ya prácticamente estaba arriba de Atenea, quien también lo abrazaba con fuerza —. ¡Múltense ambos!

Ninguno de los dos mencionados se soltaron de hecho mientras más daban vueltas más se acercaban y cerraban los ojos dieron la última vuelta para regresar al inicio del juego haciendo que Atenea y Lee se separan con la respiración acelerada mientras Isaac se quitaba los seguros como todos los demás y se acercaba a su novia quien tenía todo su cabello en su cara.

— ¿Estás bien, Gardenia? —interrogó Isaac quitándole el cabello de la casta mientras Atenea asentía con la cabeza en respuesta —. Bien. 

Isaac quitó los seguros para ayudarla a ponerse de pie con cuidado, hasta que un carraspeo llamó la atención de ambos. 

— ¿Pueden ayudar a su hijo? —interrogó Lee. Isaac se acercaba a su hermano para ayudarlo a ponerse de pie. — Gracias, papá.

Ambos comenzaron a caminar hacia Atenea, quien los esperaba con una sonrisa. Isaac la abrazó para volver a caminar mientras Lee iba de la mano de Atenea. 

—Vamos, es tarde —dijo Alexander cuando los encontró —. Regresemos a casa. 

Todos los siguieron para regresar a la casa en su coche. Cuando llegaron, todos bajaron y, mientras platicaban, entraron y no había nada de ruido. 

— ¿Hola? ¿Hay alguien? —interrogó Atenea caminando de la mano de Isaac mientras caminaban hacia la cocina —. Katherine, George. 

— Hola, hijos

Atenea y Alexander dejaron caer sus teléfonos, los cuales llevaban en la mano mientras miraban a su padre enfrente de ellos y atrás de él a Katherine y George, mirando a ambos hermanos Frey con pena. 

 

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