20- Nueva realidad

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Kara estaba harta.

Estaba harta de no poder darse cuenta del entorno donde estaba, harta de abrir los ojos y aún así encontrarse con la oscuridad total, harta del silencio que le recordaba que estaba sola, harta de los olores fétidos que brotaban de su propio cuerpo.

Kara no sabía cuantos días había estado en esas situaciones en Cadmus. Lillian la sometió a días de tortura cognitiva, aislada en una habitación pequeña en donde a penas y tenía espacio para ella misma, en completa oscuridad sin poder escuchar un ruido del exterior, a tener que aguantar sus ganas de ir al baño hasta que su cuerpo no lograba aguantar más, a no ser conciente del tiempo que llevaba allí encerrada, a limitarse a solo escuchar el constante ruido de sus tripas pidiendo algo en su organismo.

Si lo pensaba bien, talvez eso fue lo más horrible que pasó en ese lugar.

O tal vez no... a este paso ya no lo sabe.

Así que cuando Kara estuvo consiente una vez más y escuchó el sonido de una máquina hacer ruido a su lado, no pueden culparla por el primero instinto que tuvo: miedo.

Ella estaba en Cadmus, seguía siendo de la propiedad de Lillian. Le habían dicho que aceptara su destino, que se diera por vencida ya que nunca iba a poder salir de ese lugar, pero siendo honesta, ya no queria sentir más dolor. Sólo quiere que el dolor termine de una vez.

Sintiendo unos brazos recorriendola se asustó de inmediato, el dolor recorrió todo su cuerpo en segundos. No estaba segura de que parte del cuerpo le causaba más dolor. Pero algo no encajaba, esos brazos, el toque, no se sentía rudo o con afán de lastimarla. Era un agarre suave y delicado, casi como si tuvieran miedo de romperla.

Pero ella sabía que no era real. Recordó cuando despertó en el DEO, a Alex y Eliza cuidandola, a Alex calmándola en el camión cuando la sacaron, a sus amigos hablando con ella.

Pero nada de eso era real. Sólo era Lillian jugando con su mente, o lo que aún quedaba de ella.

-Kara, por favor. No queremos volver a dormirte-

Abrió los ojos y los vió. Su familia.

-Cariño, tranquilizáte, somos nosotros-

Rao, ¿Cuánto más tiene que pasar para acabar con este sufrimiento?

No es real, ella sabe que sigue en esa celda, encadenada a una cama con el casco de Liillian en la cabeza. El casco que le provocaba visiones y que jugaba con su mente.

Esas mismas visiones que la hacían dudar de su realidad, infiernos sin fin. Tantos escenarios posibles plasmados ante sus ojos.

Solo para despertar y descubrir que aún seguía cautiva.

Pero unos ojos se colocaron en su línea de visión, frente a ella.

-Hola, hermana- saludó Alex.

La última vez que había estado despierta era diferente a sus anteriores visiones. No era nuevo estar en una camioneta en movimiento, pero esta vez paso algo muy personal para ella.

Alex cantó Red Red Robin, una canción tan especial que solo 2 personas en su vida sabían que esa canción le gustaba. Hasta ahora en las visiones no había habido algo tan particular como en esa ocasión.

Se había mantenido reservada todo este tiempo, sin querer hablar o molestarse en hacer algo. Letárgica. ¿Qué caso tenía interactuar con sus visiones? Hacer eso solo le causaba más dolor, siempre que intentaba interactuar con cualquier persona que estuviera en ellas, algo malo pasaba.

No volvería a ver los cadáveres de Alex, Eliza o cualquier miembro de su familia de nuevo.

No lo soportaría otra vez.

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⏰ Última actualización: May 16, 2025 ⏰

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