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Entró de nuevo a la habitación, Ellie lo saludó con una leve sonrisa al verlo de nuevo, se veía cansada y muy vulnerable, luego de una corta platica sobre la oficina y un abrazo que ambos necesitaban, ella salió un momento para dejarlos a solas.

Michael acercó la silla al costado de la cama de David y se sentó a mirarlo de cerca, suspiraba incontables veces, frustrado ante el pitido desesperante del monitor cardiaco, verlo así era muy doloroso y se sentía muy nervioso también, pero aun así dudando y temblando, tomó su mano.

Pensando en que nunca antes había hecho eso.


No sé si puedas oírme...— comienza a decirle —... No tengo idea...


Estaba a punto de decir todo lo que sentía, porque sí, sentía demasiado.

Solo que, a lo mejor, no sabía como explicarlo, o como explicárselo a sí mismo.

En ese preciso momento, por una simple razón que no es fácil comprender si no se ha estado en esa situación, sentía urgencia de expresarse con total sinceridad, y es que; cuando tienes al frente a alguien tan importante para ti y no sabes si nunca despertará, no quieres pensar que nunca más tendrás una oportunidad de decir todo aquello que tenías guardado.


David, yo... no sé cómo hacer eso...— dejó al fin salir la primera lágrima, con total libertad se deslizó lentamente por su mejilla, rogando que no la detuvieran, y poco a poco soltó ese llanto que tenía guardado.


Lloraba libremente, sus ojos y su cuerpo le agradecían por dejar salir por fin toda esa tensión mortal que ya no soportaba más, había estado aguantando las lágrimas durante muchas horas y dejarlas salir, se sentía como un alivio que necesitaba. Lloró por varios minutos con su mano acariciando la de David.

Michael no era simplemente un policía y ya, era un hombre que había presenciado mucha violencia a lo largo de su vida; primero perdió a su madre por culpa de su padre, luego perdió a su padre por culpa de una pandilla, sé quedó solo desde muy joven y a esa temprana edad supo que quería ser policía o más que eso, un detective. Ser el mejor, de hecho.

Cuando estaba preparándose para convertirse en oficial, fue cuando conoció a Danna, en una cafetería, su primer flechazo fue peculiar, la vio sentada leyendo. En aquellos tiempos él era atrevido y confiado para acercarse a una hermosa mujer.

Le pareció buena idea interrumpir su lectura, de ahí partió todo lo demás, se enamoraron luego de muchos encuentros en ese mismo lugar, creyó que su vida sería un paraíso cuando se casaron y el evento era un mar de gente rebosando de alegría, todos de la familia de Danna.

Fue en ese entonces cuando sintió que tenía una nueva familia y que se haría mucho más numerosa cuando ella quedó embarazada de una niña.


Pero las perdió a ambas.

Y con el tiempo, la familia de ella tampoco lo buscó más, porque solo revivía los recuerdos de aquella pérdida dolorosa.

Así que había perdido a su familia, a toda.


Vivía solo y David, su mejor amigo, que también estaba solo desde su divorcio, se había convertido en la única persona en el mundo que había logrado devolverle las ganas de vivir.


... Necesito que despiertes.— dijo, sujetando su mano fría, intentando calentarla entre las palmas de sus manos, frotando despacio y con delicadeza, pero a la vez temblando por el llanto que lo invade y el miedo a lastimarlo —... Necesito a mi amigo, necesito saber que vas a despertar...— al tener la mano de David entre las suyas se percata de lo extraño que se sentía, pues a pesar de sus años de amistad y confianza, nunca antes había tomado su mano de esa manera, ni de ninguna otra.


No sé quién te haría esto, no sé por qué te harían esto si eres la mejor persona que he conocido, y yo... yo... Me arrepiento mucho de irme anoche, debí quedarme ahí contigo, debí beber menos...— el llanto de arrepentimiento tiene un factor adicional al llanto de tristeza, y ese factor es la culpa.

Una inmensa culpa. Siempre iban juntos a todos lados y la noche anterior se había marchado de la fiesta, David se había quedado, y ahora no sabía qué fue lo que le pasó exactamente después de eso.


Culpa.


No sé qué me pasa contigo... cuando estoy contigo siento que todo está bien... se siente demasiada paz... David, eres más que un amigo para mí... no lo entiendo, no puedo entenderlo por completo, pero me haces ser mejor, muero por hablar contigo de esto, por favor... por favor, necesito que despiertes... por favor.


Iban a ponerlo en un coma inducido hasta que se encontrara estable y por otras razones médicas que Michael no alcanzaba a entender del todo con la mente tan perturbada de tan solo verlo.


El coma le asustaba, rogaba porque pudiera despertarse antes. Es que ya no era miedo solamente, lo que sentía era mucho peor, luego de perder a su familia, encontró en David algo más que un simple amigo, solo que nunca supo qué nombre ponerle a esos sentimientos.

Y tampoco encontraba el valor suficiente para decírselo, ni para pensarlo, ni para meditarlo consigo mismo. Sin embargo, muy en su interior, sabía perfectamente lo que sentía por él.

Culpable | Ineffable HusbandsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora