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Denise

Amo lo pacifica que se ve la lluvia por más furiosa que golpee. En ocasiones me quedo absorta, perdida en cada uno de sus movimientos. Admirando la belleza de sus gotas como si fueran estrellas que descienden del cielo.

Aunque sea un pequeño rocío, es el sinónimo belleza. Todo queda aplacado por ese momento, en donde solo la ciudad queda bañada. Limpiando las impurezas para empezar nuevamente un día ajetreado.

El tráfico a esta hora es un asco. Pero es imposible quitarle la vida matutina a una ciudad tan poblada como Londres.

Es muy bulliciosa y no me gusta mucho, eso lo compenso poniéndome los auriculares. También veo algo relajante la manera en que los autos van de aquí para allá. Este comienzo de año ha llegado con muchas expectativas para las personas.

Nuevos sueños, nuevas metas con anhelos, por su parte, otros caminan durante el día y ven pasar la noche.

Un lunes en Londres es todo lo contrario a silencio y comodidad. El ajetreo tiene dos efectos, o te llena de energía para el resto de la jornada o te lo roba por completo. Avenidas repletas de tráfico por donde sea que mires, pero hay un lugar especial que es por donde disfruto caminar todas las mañanas.

Calles adoquinadas con un tono tierra que calman la vista. Casas unas sobre otras, lado a lado con sus elegantes puertas de madera blancas, negras, carmesíes e incluso algunas verdes, no importa. La elegancia del lugar es lo que me calma. Faroles por cada tramo, y aun cuando el ajetreo de la mañana también se refleja en este pedacito, es demasiado único.

El suave Sol del alba baña las calles y adoro ver como los adoquines se vuelven dorados bajo sus rayos. Es un paisaje fascinante, aunque se repitiera cada mañana nunca podías cansarte. Algún que otro chico corriendo, las personas hablando de camino a su trabajo. Siempre se repetía, pero es mi pedacito de maravilla.

Me tomo mi tiempo caminando hacia la escuela, como lo hago cada día. Aprieto con fuerza las correas de mi mochila cuando veo que me alejo de mi pequeño paraíso y me acerco a mi tortura. Antes de emprender mi plan de huida... lo veo en la entrada con una sonrisa, gesto que le devuelvo con una mueca.

—Si sales más temprano que yo. ¿Por qué siempre llegas después?

Le sonrío a mi hermano mayor con la más falsa mueca, a lo que él me devuelve el gesto divertido alzando las cejas mientras nos adentramos a la escuela. De un momento a otro me detengo y me subo a la espalda de él, aprovechando que él utiliza un bolso cruzado sobre su pecho.

Al contrario de lanzarme lejos, él solo aferra sus manos a la parte trasera de mis rodillas, sin importarle todos los ojos sobre nosotros.

—Simple mi adorado hermano, porque tu amas la escuela, yo no.

Recuesto mi cabeza en su hombro cerrando mis ojos. Disfruto de su calidez a pesar de lo fresco que está la mañana y me aferro más a su cuello.

Conozco este lugar de memoria, e incluso sin abrir los ojos puedo decir a la perfección por cada lugar que estamos pasando. Cinco escalones negros para la entrada, con tres portones de cristal de dos puertas cada una. Paredes de piedras para aumentar la elegancia.

La hace única no solo el hecho de estar instalada en el barrio más rico de todo Londres, "City de Londres", es que es de un solo piso. Por lo que su extensión es enorme, más de lo que yo quisiera desear. Sus pasillos son de cristales, mientras los salones aún mantienen la privacidad. El vestíbulo se divide en tres pasillos, hay dos columnas que las dividen, sirven como estantes para todos los premios y condecoraciones que ha ganado la escuela.  

Justo al lado de la puerta, un mostrador en forma de semi círculo es la recepción, en donde hay siempre un hombre de 40 años de pelo canoso. Algunos retrato de personas importantes para la institución están enmarcados en la pared de forma estética. El techo es una cúpula mediana de cristal que permite la entrada de luz. 

Me enamoré de mi profesorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora