La Reconciliación...

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Narra Wendy:
6am
Ya se había hecho de día, quise levantarme de la cama pero algo me lo impedía... Mattheo me estaba abrazando por la cintura. Solo lo miré y me quedé analizando su rostro, cada detalle, su cejas, sus pestañas largas, su nariz perfecta, su mandíbula marcada, hasta que llegué a su boca... Esos labios que con un beso me hicieron olvidar todo a mí alrededor.

-Si me sigues viendo no dudaré en que te estoy enamorando- dijo aún con los ojos cerrados y con una voz ronca de recién levantado.

-Ya quisieras Matthy- contesté con una sonrisa.

-No quiero irme- dijo haciendo pucherito, lo cual me dio mucha ternura.

-Lo sé pero tienes que irte, hoy tenemos colegio- dije subiendome ensima de él para abrazarlo como un osito.

-Carajo no puedes ser tan tierna- dijo respondiendo el abrazo.

-¿No estás enojado cierto?- pregunté.

-¿Por qué lo estaría, mi cielo?- preguntó él.

-Anoche solo nos besamos, quizás tú querías algo más...- dije aún en duda.

-Ay chispita... No tendría porque enojarme por eso, entiendo que recién nos estamos conociendo y no quieres apresurar las cosas. Eso me gusta porque quiere decir que no me ves como una diversión- contestó.

-No estoy acostumbrada a que me digan eso- dije sin separarme del abrazo.

-Mi cielo, mírame un segundo- dijo agarrándome la barbilla para que lo miré, lo cual hice.
-Mereces que te comprendan, y créeme cuando te digo que NUNCA haré algo que no quieras- dijo dedicándome una sonrisa.

-Eres increíble Matthy- contesté dándole un beso.

-Mi cielo... No... Quiero... Irme...- dijo hablando entre besos.
Me reí un poco.

-Lo sé pero tienes que irte, nos veremos en el colegio más tarde ¿si?- le dijo juntando nuestras frentes.

-Me parece bien, mí cielo- dijo con una sonrisita.

-¿Me dirás "mí cielo" delante de la gente?- pregunté riéndome.

-Hasta la pregunta ofende, claro que sí. ¿Por qué?- dijo.

-Creerán que somos novios- dije sonriendo.

-¿Te molesta? Porque tan mentira no es- dijo sonriendo.

-No me molesta pero no quiero que te incomodes- dije.

-Tranquila no me incómoda, porque sabrán a quien le perteneces- dijo con cara de superioridad.

-Estas loco- dije riéndome.

-Loco por ti, mí cielo- dijo dándome un beso.
-Me voy, te veo después- para después desaparecer por la puerta.

Me levanté y me fui al baño, hice mis necesidades y me entré a bañar para luego ponerme el uniforme y peinarme un poco para dejar mí cabello suelto.
Limpié un poco mí cuarto y baje a desayunar... Cómo de costumbre no había nadie.

-Buenos días Señorita Rossi- dijo Silvia, la empleada.

-Buenos días Sil- respondí con una sonrisa.
-Ya hablamos de las formalidades, si me dirás señorita al menos di mí nombre- contesté abriendo la heladera.

-Si, lo siento es solo que no estoy acostumbrada- dijo con algo de vergüenza.

-Prepara dos vasos de jugo de naranja exprimido y cuatro tostadas de jamón y queso- ordené.

-Como ordene señorita Wendy- dijo empezando a hacer lo que le pedí.
Mientras me senté en el desayunador de la cocina y me puse a hacer mis tareas. Disfrutaba estar con Silvia, era más madre que mí propia madre.

Siempre fuiste tú. (Niccolo Govender)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora