Capítulo 3 - Ruptura

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Habían pasado cinco días desde que Naruto se encerró en su habitación.

Minato y Kushina estaban preocupados. Al principio, pensaron que darle espacio sería lo mejor, pero el silencio y el aislamiento se alargaban demasiado. Sabían que estaba pasando por algo difícil, pero no podían permitir que la depresión lo consumiera.

Sasuke había ido a verlo todos los días. Pero siempre terminaba de la misma manera: con los padres de Naruto disculpándose y pidiéndole que se retirara. Se estaba volviendo incómodo. Todo se estaba saliendo de control.

Esa mañana, mientras discutían quién de los dos intentaría convencerlo de desayunar, escucharon el sonido de la ducha.

Se miraron con sorpresa.

Minutos después, Naruto bajó las escaleras con su uniforme puesto. Kushina apenas pudo contener su emoción.

—¡Qué alegría verte, hijo! —exclamó con entusiasmo—. Ven, el desayuno ya está servido.

Minato lo observó con atención, disimulando su asombro.

—Te ves mejor —comentó con suavidad—. Me alegra que vuelvas a comer con nosotros.

Naruto esbozó una sonrisa débil.

—Gracias.

No se sentía bien del todo, pero algo en su conversación con Cuervo Blanco lo había hecho reflexionar. Se dio cuenta de lo egoísta que estaba siendo. No solo estaba sufriendo él, sino que también estaba lastimando a quienes lo amaban.

Aun así, no podía evitar sentir el peso en su pecho. Sus sueños, sus ilusiones... todo se había ido a la mierda.

El desayuno transcurrió en tranquilidad, aunque Naruto notaba las miradas furtivas de sus padres. No los culpaba. Sus ojos aún estaban hinchados por el llanto. Pero, al menos, se sentía cómodo sentado junto a ellos otra vez.

—¿Quieres que te lleve a la escuela? —preguntó Minato—. Hoy entro más tarde al trabajo, así que tengo tiempo.

—No, papá, estoy bien —respondió Naruto, levantándose de la mesa.

Subió a su habitación para terminar de alistarse. Al buscar su mochila, sus ojos se posaron en el uniforme de gimnasia que le había prestado el chico de cabello plateado. Lo tomó y lo dejó en la lavadora.

—¿Estás seguro? —insistió Minato desde la puerta.

Naruto suspiró.

—Sí, papá... —dijo con voz cansada—. Quiero ir caminando. Necesito un poco de aire fresco. No te preocupes.

Minato, a regañadientes, se rindió. Quería pasar más tiempo con él, quería encontrar las palabras adecuadas para hacerle saber que lo apoyaban incondicionalmente.

Por su parte, Naruto estaba nervioso. No sabía cómo lo recibirían sus compañeros cuando entrara al salón, qué le dirían los profesores y, lo peor de todo... cómo enfrentaría a Sasuke.

Mientras revisaba su mochila, sus dedos rozaron el pequeño papel con el número de Kakashi. Necesitaba escribirle.

Después de todo, aquel desconocido lo había salvado. Evitó que un auto lo atropellara, le dio una ducha caliente, ropa limpia y hasta le pagó el Uber. Lo mínimo que podía hacer era agradecerle y devolverle su uniforme limpio.

Mientras caminaba hacia la escuela, Naruto observaba con atención su entorno.

Hoy parecía ser un día hermoso: las flores estaban en su máximo esplendor, el sol brindaba un calor agradable y la brisa fresca hacía el clima perfecto. A pesar de todo lo que sentía, no pudo evitar apreciar la belleza del momento.

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