3

23 3 2
                                    

8 de septiembre

Tengo una noticia buena y una mala: la buena es que puedo quedar. ¿La mala? Que ahora mismo estoy en dicha quedada y me arrepiento de haber venido. Bueno, en realidad no, porque he descubierto que han abierto una tienda de arte aquí en La Vaguada y tengo pensado arrastrar a mis amigos allí cuanto antes, pero se me está haciendo un poco pesado. Anita lleva una hora intentando que su hermano se pruebe no sé qué cosa que él ha dicho que, y cito: "no usaría ni aunque estuviera muerto". Han discutido y ahora estamos paseando por La Vaguada en silencio mientras yo me bebo tranquilamente el gigantesco café frío con vainilla y caramelo que me he pedido en el Starbucks.

—Bueno —comento una vez me he tirado el vaso a la papelera más cercana—, ¿vamos a hacer algo o me voy a mi casa? Yo ya me he bebido mi café, así que nada me impide largarme. —«Así se hace, mostrando bien nuestras prioridades.»

Y, ¡por fin!, después de tanto tiempo de discusión, mis mejores amigos sonríen y me contestan:

—¡Al Bershka! —grita Anita, echando a correr hacia el local.

—Me ofende que nos compares con un café en nivel de importancia —dice Nico, en cambio, divertido.

—Oh, no, no os comparo —respondo—. El café es claramente superior a vosotros.

Los dos nos empezamos a reír, mientras Anita —que ha vuelto corriendo a por nosotros a ver que no la seguíamos— tira de nosotros para llevarnos al Bershka. Una vez allí, ella nos deja tirados y comienza a rebuscar entre toda la ropa para conseguir algo para ella y, probablemente, también para su hermano y para mí. Mientras tanto, Nico y yo nos dedicamos a dar vueltas por la tienda, mirando ropa de vez en cuando y hablando mucho.

—Nico... —le digo una vez perdemos a su hermana de vista— Sabes que puedes confiar en mí, ¿no?

—Claro que sí —responde, con total firmeza, aunque noto un deje de confusión en su voz—. Rache... ¿Por qué lo preguntas?

Me siento mal por dudar de él, pero he notado algo raro en su expresión esta mañana, cuando Blanca le ha pedido salir. Y eso me preocupa; necesito saber que está bien.

—Porque... te noto distante, Nico. Como triste. ¿Estás bien?

Me parece ver un reflejo de dolor que atraviesa su mirada, pero desaparece tan rápido que creo que me lo he imaginado, sustituido por una cálida sonrisa.

—Estoy bien, Rache, de verdad. No es nada.

—Nico...

—Estoy bien, te lo prometo —me corta, y, aunque se que es mentira, decido dejarlo estar. Siento que no quiere hablar de ello y tampoco quiero que se sienta presionado.

Justo cuando voy a decir algo —lo que sea— para acabar con el silencio tenso que se ha formado entre nosotros, Ana viene corriendo y me dice:

—¡Pruébate esto!

Está agitando delante de mi cara un top gris de tirantes, con aspecto desgastado, y una camiseta blanca con la cara de Harry Styles en color estampada en la parte de atrás. Sonrío. Anita me conoce demasiado bien y, muy a mi pesar, la ropa que ha escogido para mí me gusta bastante. No se lo voy a decir, obviamente, así que contesto:

—Está bien. —Sus ojos se iluminan de ilusión al oírme decir eso.

Cojo las dos camisetas y me voy a uno de los probadores libres. El top gris me queda bastante mejor de lo que me esperaba y, aunque sé que apenas me lo voy a poner, decido comprarlo. Me lo quito y me paso la camiseta de Harry Styles por la cabeza. La etiqueta se me enreda en los rizos y tardo casi un minuto entero en sacármela. Después, levanto la mirada pare verme en el espejo y...

Aquel Espejo RotoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora