Me estoy pillando.- Sandra Groove.
Chiara aterrizaba en Madrid cuando el reloj marcaba las tres de la tarde. Arrastraba la maleta por el aeropuerto, mirando de un lado a otro en busca de su amiga. Sonrió al verla entre la multitud y no pude evitar alzar una ceja al ver a Violeta con ella. Hacía tres meses que no la veía.
-Hola, chicas.- Se abrazó primero a Ruslana, que prácticamente saltó sobre ella al tenerla a una distancia aún considerable.
-¿Cómo ha ido el vuelo? ¿Has descansado? ¿Quieres ir a dormir un rato?- Empezó a preguntar la menor de las tres, consiguiendo la risa de Chiara, que negó con la cabeza.
-Pareces mi madre, Rus.- Se separó de ella para acercarse poco a poco a Violeta, que sonrió nerviosa por la cercanía de la pelinegra.- Hola.
-Hola.- Respondió, sin saber muy bien cómo saludar.
Chiara, que no tenía tanto apuro, le dio dos besos, haciendo contacto durante unos segundos más de lo normal. Se recreó en el tacto de la otra, que sintió sus mejillas enrojecer.
-¿Vamos?- Interrumpió Ruslana, mirando a Chiara con cierto reproche.
Hacía dos años que había presentado a Violeta y Chiara una vez que esta última había ido a Madrid para la firma de discos que acababa de sacar. Violeta no sabía de la existencia de aquella chica que empezaba a hacerse hueco entre todo ese mundillo, y eso fue algo que a la medio inglesa le gustó. Sentía que podía ser ella misma con alguien a quien acababa de conocer, y eso hacía bastante tiempo que no le pasaba.
Fue inevitable que entre ellas surgiera la chispa, aunque Ruslana le hubiese prohibido a Chiara aquello. Conocía a su amiga y sabía que no se involucraba emocionalmente con nadie. Violeta, por otra parte, era todo lo contrario. Era incapaz de acostarse con alguien si no sentía que de verdad había algo más que simple atracción física.
Y con Chiara lo sentía. Sentía que había algo mucho más allá. Sentía una conexión con ella que, como ya le había dicho Ruslana, cualquiera envidiaría.
-Sí, vamos.- Contestó Violeta, que había conseguido salir del trance al ver a Chiara. Se había cortado el pelo por los hombros y la verdad es que le quedaba bastante bien.
Subieron a casa de Ruslana las tres y, antes de deshacer la maleta, se quedaron en el sofá poniéndose al día. Hablaron de cómo le estaba yendo a Chiara, aunque a esta no le gustase hablar de su carrera cuando se juntaba con ellas, porque sentía que con ellas, la artista que llevaba dentro podía dejarla a un lado. Hablaron de la relación que estaba empezando Ruslana con un chico al que había conocido hacía relativamente poco. Y, por supuesto, hablaron de los últimos ligues de Chiara.
A Violeta no le interesaba mucho aquel tema, porque aunque sabía que Chiara tenía una vida sexual bastante activa, prefería ignorarlo.
-¿Y tú qué?- Miró la menorquina a la pelirroja, que negó con la cabeza.- ¿Nada que contar?
-La verdad es que no.- Se encogió de hombros, levantándose.- Voy a ir yéndome, chicas, que luego he quedado con Dena.- Se excusó.
Cuando salió por la puerta, Ruslana miró a Chiara con cara de pocos amigos.
-¿Ahora qué he hecho?- Alzó una ceja.
-Podrías cortarte un poco si está delante.
-¿Aún sigue con esa tontería?- Hizo una mueca Chiara.- Mira, yo lo siento mucho, pero fue cosa de dos. Yo ya le dije cómo eran las cosas y ella aceptó.
-Te pedí que con ella no, Keeks.- Suspiró Ruslana.
-¿Me los vas a seguir recordando toda la vida? Han pasado ya dos años, Rusli.- Tuvo que soltar una pequeña risa.
