La cura.

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LA CURA.- RUSLANA.

(Segunda parte de "Míralo").


Hacía casi un mes desde aquella conversación. Las sesiones con la psicóloga iban avanzando, aunque la costumbre de viejos vicios a veces se hiciera presente.

La cosa entre nosotras no había avanzado demasiado. No habíamos vuelto a acostarnos. Ni siquiera nos habíamos besado de nuevo. Pero sus dedos entrelazados con los míos me hacían entender que íbamos por buen camino. Que simplemente era cuestión de tiempo recuperar esa confianza.

Porque le había hecho demasiado daño y tenía muchas cosas que arreglar. Y yo estaba dispuesta a juntar cada pequeña pieza que se había perdido por el camino para volver a ver a la Violeta de la que tanto me enamoré desde el primer momento. Aunque aún costase admitir los sentimientos en voz alta.

Alguna vez habíamos hablado de qué sentíamos, y por mucho que yo lo había intentado, no había sido capaz de pasar de un simple me gustas mucho, viendo en sus ojos que esperaba mucho más que esa simple respuesta. Pero no era capaz de desnudarme de esa manera aún. Me sentía vulnerable solo de pensar en decirle todo lo que sentía cada vez que la veía. Cada vez que me miraba. Con cada pequeño roce. ¿Cómo le explicaba que fue gracias a ella que volví a notar en mi pecho un latido que me había negado por completo a sentir de nuevo alguna vez en la vida? No era fácil decirle según qué cosas cuando, una de las heridas que más abiertas seguían, era la que me recordaba que, una de las razones por las que mi ex me dejó, fue precisamente por, según ella, ser demasiado intensa. Porque me volqué con ella como con nadie. Me desnudé, metafóricamente hablando, como con nadie. Y ella solo supo utilizar todo lo que expresé en mi contra.

Era algo que estaba trabajando con Noemí, mi psicóloga, pero sentía que aquel tema estaba algo estancado. La teoría ya me la sabía de sobra, pero el hecho de ponerla en práctica... Costaba. Costaba más que cualquier otra cosa. Y Violeta me estaba teniendo paciencia. Cada vez que la conversación se tornaba algo intensa, más profunda... Yo huía. No literalmente. Eso no había vuelto a hacerlo y no entraba en mis planes. Pero le cambiaba de tema de manera descarada y veía cómo ella, a pesar de respetarlo y entenderlo, sentía cierto rechazo. Y no era para menos teniendo en cuenta cuál había sido mi historial con ella. Por eso intentaba compensarlo con gestos. Con acciones que intentaran hacerle entender cuánto me importaba, cuánto la quería y cuánto de agradecida estaba con que me hubiera dado una oportunidad que no pensaba desperdiciar.

-¿Vas a ir así?- Musité al verla aparecer por el pasillo de mi apartamento. Habíamos quedado los de siempre para salir a un local nuevo que había descubierto hacía unos días. Había cambiado de dueños y, al parecer, habían optado por algo un poco distinto a lo que había anteriormente. De poner canciones del momento, a dedicarle un espacio a gente joven para poder subir al pequeño escenario que había, ya fuera para cantar algo propio, alguna versión, o incluso recitar poesía.

-¿Qué pasa?- Frunció el ceño sin llegar a entender mi comentario, mirándose por unos segundos.- ¿Es por el escote?- Hizo una mueca.- No estoy muy acostumbrada, la verdad, igual debería cambiarme...- Dudó por unos segundos, volviendo a dirigirme la mirada.

-¿Estás de coña?- Me levanté al segundo, colocándome frente a ella y cogiendo una de sus manos para hacerla girar sobre sí misma y poder ver bien el conjunto al completo.- Estás espectacular, Vivi.- Me mordí el labio sin poder despegar la vista del escote que ella misma había mencionado.

-¿Y por qué la pregunta?- Murmuró aún algo insegura.

-Porque me vas a poner muy difícil lo de no besarte.- Suspiré con fuerza mientras me mordía el labio.

ONE SHOTS- KIVIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora