Las miradas de aquellos tres hombres sobre nosotros realmente eran aterradoras. No sabía qué hacer, y por más que intentara explicar, nada me llegaba a la mente que nos sacara de este apuro.
“Me podrían explicar que hacían ambos en el baño?” preguntó nuevamente mi papá.
“Papá…yo…nosotros…”
“Todo es mi culpa, Damián. Quería decirle algo en privado y la casa está llena de gente. No encontré un mejor lugar” dijo Ariel parándose frente a mí.
“Y qué era eso tan importante que tenías que decirle?” preguntó esta vez Fernando, mientras Javier tenía los ojos puestos en Ariel.
“Es algo privado, Fernando…” dije yo intentando acabar con esto.
“Saben que no se ve nada bien que ambos estuviesen encerrados en el baño. Privado o no privado lo que tenías que decirle a mi hija, no quiero que vuelva a ocurrir. Ya ustedes no son unos niños…”
“De acuerdo, Damián. Discúlpame. No volverá a ocurrir.”
“Más le vale…” comentó Fernando mientras colocaba su mano en el hombro de mi papá y continuaban caminando.
“Y tú?” preguntó Ariel a Javier, quien aun no se había movido y estaba mirándonos.
“Te importa?” fue la respuesta de Javier.
“Claro, me importa todo lo que tenga que ver con Daniela. A diferencia de ti, yo la valoro…” de donde salieron esas palabras de Ariel?
“Te importa? De veras? Amiguito, ya no eres un niño, lo sabes. Después de todo, todos buscamos lo mismo de una mujer…” dijo este sonriendo de medio lado.
“Qué insinúas? Yo no soy igual que tú…”
Las palabras que Javier acababa de decir, me estaban dando golpes en la cara, mucho más en el corazón. No tenía duda que solo me utilizó, que solo quería arrebatar algo de mí.
La sonrisa de medio lado fue lo que acabó mi calma, mientras Ariel le dijo las últimas palabras, yo me acerqué a este.
“Eres un desgraciado!” dije mientras levantaba mi mano y le pegaba en el rostro.
“Cómo te atreves?” preguntó este tomando mi mano y pegándome a la pared.
“Suéltala de inmediato!” dijo Ariel arrebatándolo de al frente de mí.
“Dile a tu amiguita que te cuente lo bien que la pasó conmigo…No es tan mala después de todo, considerando que era su primera vez. Te la recomiendo…” el muy cínico se reía mientras decía esto.
Yo me cegué inmediatamente; cómo se atrevió a decir eso? Olvidé por un segundo que era una mujer y comencé a pegarle. De algo me valió las clases de defensa personal a las que había asistido cuando niña.
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Si tú me lo pides
Romantik"Puedo, puedo llenarte de besos. Puedo llevarte hasta el cielo, si tú me lo pides..." Secuela de Estigma de Amor.
