Rodrigo siempre se aburría mucho y no sabía qué hacer. Cuando cumplió doce años tomó la decisión de convertirse en villano y dominar el mundo para así mantenerse ocupado. Su mejor amigo Pascu fue el único que tomó su decisión en serio, convirtiéndose en su aliado.
A partir de entonces se reunían cada tarde después del instituto en la casa de Rodrigo y repasaban sus planes. Estos consistían en arruinar la economía de la ciudad para causar una crisis y obligar al alcalde a dimitir. De esta forma, ellos serían los siguientes alcaldes y, después de eso, solo tendrían que convertirse en presidentes y conquistar el mundo para dominarlo.
Cinco años más tarde no habían hecho demasiados avances, de hecho, se habían convertido en los mejores ciudadanos de la ciudad. Por alguna extraña razón, todo lo que hacían terminaba bien. Habían intentado cerrar una empresa de piruletas mandando una excelente crítica negativa. Terminaron cerrando la empresa, pero Rodrigo ganó un premio por descubrir que las piruletas estaban hechas con elementos tóxicos y Pascu recibió un diploma por la gran crítica que había escrito.
Otro de sus planes había sido causar un accidente en la construcción de un puente que debía conectar su ciudad con otra para que los camiones no dieran tanta vuelta. De esta forma, la economía de la ciudad mejoraría y la popularidad del alcalde aumentaría. Cuando la policía investigó el accidente, descubrió que la verdadera razón de construir el puente era aumentar el tráfico de drogas y, cuando supieron que los chicos habían sido los culpables del accidente, los premiaron por ayudarlos a desenmascarar las intenciones de los traficantes.
—¿Por qué? ¿Por qué nuestros planes siempre terminan tan bien? —preguntó Rodrigo estirando sus pelos con las manos.
—Querrás decir que siempre terminan mal —indicó Pascu levantando la mirada de sus hojas de cálculo.
Desgraciadamente, sus divertidas tardes de reunión para planear su ascenso a alcalde se habían convertido en aburridas sesiones de estudio para la preparación a la universidad.
Levantándose de un salto, Rodrigo cogió unos papeles. En ellos estaba escrito todo lo que habían planeado hacía años.
—Fracaso —señaló los papeles sobre la fábrica de piruletas—, fracaso —repitió señalando los papeles del puente—, fracaso, fracaso y fracaso —siguió diciendo a medida que sacaba más papeles.
Cuando tuvo todos los papeles sobre la mesa, los cogió y los tiró al suelo. Pero justamente entró una ráfaga de viento que hizo volar los papeles hasta una papelera de reciclaje para el papel.
—¿Por qué tenemos una papelera de reciclaje si queremos ser villanos para dominar el mundo? —preguntó Rodrigo exasperado.
—No quieres dominar un mundo contaminado, ¿verdad? —contestó su amigo, quien había dejado sus deberes a un lado.
Rodrigo no supo responder a eso, de hecho, nunca lo había pensado. Había pasado los últimos cinco años demasiado centrado en su objetivo como para pensar en lo que haría cuando lo consiguiera. Pero ponerse ahora a pensar en eso era demasiado trabajo, así que se dirigió a la pizarra para idear un nuevo plan.
—Hasta ahora nuestros planes tenían fines negativos, pero siempre terminaban siendo positivos. Por eso tenemos que planear cosas buenas para que terminen mal.
—No lo entiendo.
—A ver —Rodrigo empezó a escribir en la pizarra—, en vez de evitar la construcción del nuevo hospital, nos presentaremos como voluntarios para ayudar.
—¿Y eso de qué nos va a servir?
—Hemos hecho cosas malas y han terminado pasando cosas buenas, así que si hacemos cosas buenas van a terminar pasando cosas malas —explicó impresionado por su gran idea.
—¿En serio crees que va a salir bien?
—Claro que sí, es psicología inversa.
—No creo que eso funcione así.
Rodrigo no hizo caso a las palabras de su amigo y llevó a cabo su nuevo plan. Pero este, al igual que los anteriores, terminó bien. Aún así, los dos amigos no se rindieron y continuaron llevando a cabo sus planes. De esta forma, años más tarde, se convirtieron en los mejores ciudadanos del mundo. Todos conocían sus buenas acciones y los admiraban. Rodrigo y Pascu eran excelentes ejemplos a seguir.
Como no podía ser de otra manera, este año he vuelto a participar en el concurso de Sant Jordi de mi instituto. Lamentablemente este pequeño relato no ha ganado, pero yo estoy muy orgullosa de él así que aquí os lo he dejado para que os divirtáis, ya que es una historia completamente absurda.
ESTÁS LEYENDO
Relats/os
Short Story¡Aviso! Esto va a ser una mezcla de idiomas e historias. Aquí voy a publicar todo lo que escribo en el instituto ya sea en catalán o castellano. Básicamente podreis leer las historias que presento al concurso de Sant Jordi y las redacciones que debo...
