Desde que Jeongguk regresó a Seúl con su madre, no pudo quitarle los ojos de encima al peculiar hijo de los Kim.
Y desde que Taehyung conoció a Jeongguk poco a poco se fué confundiendo aun mas, pero entendió que lo suyo con Hoseok no iba más.
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El aroma a chocolate ingresó por las fosas nasales de cierta persona, haciendo que despertara de inmediato. Estiró su cuerpo, dormir en el sofá no era algo que acostumbrara a hacer, y tampoco solía beber demasiado porque la resaca le pegaba demasiado fuerte. Cómo en ese momento.
Observó a su alrededor, dándose cuenta de que era el último en abrir los ojos: el living estaba ordenado y no había rastro de sus amigos.
Oía voces en la cocina-comedor, por lo que sin más camino hasta allí.
—Sinceramente, no creo que Iu gane éste año —Joohyun le comentaba al chico a su lado—, es una artista muy completa pero está de moda otra cantante.
—Lo sé, dios, pero sigo queriendo que gane ella —Suspiró, recostandose sobre la mesa.
—¡La bella durmiente acaba de despertar! —La voz de Taehyung pareció amplificada cuando llegó a los oídos del recién levantado—, ¿estás bien, Jiminie?
Oh, claro que no. Todos estaban hablando demasiado alto.
Jimin dió una rápida mirada a la sala, recobrando un poco la lucidez, y contó a cuatro personas consigo mismo.
—¿Nayeon está preparando el desayuno? —Preguntó en general, pero observando a Joohyun.
Era extraño porque la peli-roja no sabía cómo hacer aquello, además, ni siquiera le gustaba involucrarse en nada que tuviera que ver con gastronomía.
—Hace un rato llegó otro de tus amigos y se ofreció a cocinar para nosotros —Explicó, bostezando mientras se colocaba sobre la mesa en la misma posición que Jeongguk—. Creo que a Nayeon le gustó un poco.
Jimin observó a Taehyung, quien le pedía disculpas con la mirada aunque en realidad, no había un culpable.
Sin decir palabra alguna, Jimin caminó hacia la cocina con pasos firmes. A medida que se acercaba podía oír las voces de ambos mezcladas: y cuando estuvo allí con ellos, solo se quedó mirándolos.
Nayeon siempre era coqueta, bendecida por su belleza, engatusaba a cualquiera que quería. Aunque con Jimin jamás funcionó, y con YoonGi ahora parecía que tampoco. Quizá era lo que siempre sucedería por coquetear con alguien gay.
YoonGi estaba concentrado en hervir leche en un jarro mientras que colocaba chocolate en barra en cada taza transparente, a la espera de que la leche estuviera lo suficientemente caliente. Por otra parte, Nayeon hablaba y hablaba sin parar de cualquier cosa insignificante para llamar la atención, sentada sobre la mesada junto al lavatorio.
—Nana, ¿qué haces ahí arriba? —Se quejó antes de siquiera saludar, mirándola de mala gana. Más allá de todo, Jimin odiaba que tocaran sus cosas para algo que no debían, y justo en ese instante el trasero de su amiga estaba donde más tarde prepararía el almuerzo—, bájate, ¿quieres? Ve con los demás al comedor, estás molestando a mí amigo.