Desde que Jeongguk regresó a Seúl con su madre, no pudo quitarle los ojos de encima al peculiar hijo de los Kim.
Y desde que Taehyung conoció a Jeongguk poco a poco se fué confundiendo aun mas, pero entendió que lo suyo con Hoseok no iba más.
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El edredón de la cama absorbió los cuerpos de ambos chicos en cuanto se tiraron encima, provocando un suspiro cargado de alivio.
—La próxima vez, llamaremos un taxi —Sentenció Jeongguk, pasando las manos por su cabello. Cerró los ojos y se quedó quieto, solo disfrutando de estar así.
—¿Podemos ver una película? —La voz de Taehyung se dejó oír susurrante sin ninguna razón específica,
Jeongguk asintió con la cabeza, girándose a mirar a su novio; Taehyung también lo observaba, acomodado de costado, lucía como un cachorro de tigre que tenía unos ojos enormes. Los suaves labios del menor no pudieron mantenerse alejados del chico peli-azul por demasiado tiempo, comenzando con dejar un beso en la punta de su nariz, en sus mejillas, y terminar saboreando el dulzor de su boca que le era tan adictivo.
Taehyung se alejó primero en cuanto el menor colocó una mano en su cuello, y dejó un corto beso en su frente antes de sonreírle. Se notaba un tanto avergonzado, con las mejillas suavemente pintadas de rojo carmesí. A Jeongguk le causó ternura.
—Tú haces las palomitas y yo busco la película, ¿te parece?
—Por supuesto, bonito.
Jeongguk sonrió sin mostrar sus dientes, y el peli-azul desapareció por la puerta, dejando solo al dueño de casa, quien se puso de pie para rebuscar entre sus cosas algún CD interesante que no hubiera visto en compañía de Taehyung. Jeongguk, por obvias razones, ya había visto casi todas las películas que estaban en el mueble bajo la tele de su habitación, pero en realidad quería verlas con Taehyung, y siendo sincero, no le molestaba repetirlas una y otra vez.
Finalmente, decidió colocar en el reproductor una película que pertenecía a su amigo, cuyo título estaba en un idioma que no entendía, posiblemente francés, la dejó iniciada y puso pausa para esperar a que su novio regresara a la habitación, y mientras tanto, aprovechó para cambiar su ropa por un pijama que constaba de pantalones de algodón muy suaves y una camiseta vieja de color negro con estampas de superhéroes con mangas hasta la mitad del brazo.
En el momento que Taehyung regresó a la habitación, se encontró con su novio sentado en medio de la cama, jugando con el control remoto entre las manos.
Sonrió por inercia, simplemente verlo le hacía sentir mariposas en el estómago.
—¿Tienes algo para prestarme, Gguk? ¿Un pijama?
El peli-negro levantó la vista, no había notado la presencia de su novio. Asintió de inmediato, señalando su armario.
—En el cajón hay uno, los pantalones son de tela muy elástica pero no creo que la camisa te quede… puedes usar alguna de mis remeras, la mayoría son mucho más grandes que yo.
Taehyung dejó la bandeja con palomitas de maíz junto al menor, y sin más, se acercó al sitio que le estaba señalando. No fue difícil hallar lo que Jeongguk decía, y le dió la razón respecto a la camisa del pijama: no era de su talle. Rebuscó una vez más hasta encontrar una remera que Jeongguk no solía usar mucho, al menos según la memoria de Kim, y en el mismo sitio donde estaba hizo el amague de desprender sus pantalones.