El escape de un autobús llegando, suena. La estación de trenes estaba muy transitada, varios llegando y saliendo; gente bajando y subiendo. Y una fila enorme esperando su turno para comprar su boleto. Rubén está dentro de esa fila, veía los destinos, pero no estaba seguro a cuál lo llevaría más cercano a su destino, pues no tenía celular para investigar. Avanzó un poco la fila.
Movía la pierna nerviosa. Miraba a los lados, buscando una respuesta en su subconsciente. La fila avanzó otro poco más. Se llevó inconsciente su mano y vio los destinos en la pantalla y se decidió por el más cercano: Pamplona.
La fila avanzó más. Ya era el siguiente en pasar. Exploró por última vez la estación con su vista. Nunca había viajado sin sus amigos y pensar eso, le provocó un suspiro desanimado. Su vista se clavó a otras filas que hacia las personas para entrar. Prestó atención, frunciendo el ceño atento.
Eran máquinas y guardias; era una obvia revisión de mochilas y maletas. Los guardias pasaban a las personas debajo del detector de metales y los otros trabajadores checaban por las máquinas el contenido que pudiera ser peligroso. El castaño se congeló.
— Mierda... —dijo en bajo, reacomodó su mochila, pues sabía qué cosas traía allí dentro y esos guardias no iban a estar contentos.
— ¡Siguiente! —dijo una mujer sacando a Rubén de su disociación—. ¿Me escucha? —preguntó harta de que Rubius no captara los ignorados siguientes. El castaño caminó hacia el módulo— ¿Para qué lugar va ser su billete?
— Ah... Sí, eh... —volvió a ver las pantallas, pero su mirada se iba al lado para ver aquella zona de revisión.
— ¿Entonces? —habló desesperada la mujer.
— Sabe, creo que me he dejado el cargador del móvil en casa y no me acuerdo de qué estación es a la que debo ir —dijo con un tono de broma para disimular su nerviosismo.
— Si me dice para dónde va, le puedo decir cuál va a tomar, ese es mi trabajo, por si no sabía —dijo la mujer, amargadamente—. ¿Entonces?
— Claro, ahh... ¡Oh! Pregunta, este, eh... ¿Revisan las mochilas antes de subir?
— Creo que es obvia la respuesta.
— Es que, por accidente, traje unas navajas que me regaló mi fallecido padre y me jodería que me las quitaran, entonces... Eh, se las daré a mi mamá que está en la salida y ya vuelvo. ¿Sí? ¡No tardo! —habló Rubius, muy rápido y algo torpe, pero finalmente saliéndose de la fila.
Caminó rápido a la salida, acomodándose la mochila que cargaba con una correa. En la salida, varios taxis esperaban fuera y ofrecían su servicio a cada persona que circulaba por ahí. Rubén se acercó a uno que estaba dentro de su carro con las ventanas abajo. Era un taxista ya algo mayor que traía una boina.
— Disculpe, amm, ¿usted podría llevarme a esta dirección? —Rubén le enseño un papel con el nombre del pueblo y el municipio.
— A ver, muchacho... —el hombre agarró el papel y lo acercó por su vista— ¡¿Hasta Navarro?! —dijo y río— Niño, para esos viajes tienes el tren a tus espaldas.
— Es que, ah —pensaba lo más rápido, el castaño, para sus mentiras—, me dan miedo. Y me siento más seguro en un vehículo privado.
— Mira, está muy lejos, te va a salir muy caro, es más rápido en tren y que pereza ir a dar la vueltota hasta allá. Ni yo ni otro taxista de aquí te podría llevar. Una disculpa, hijo.
— ¡Puedo pagarle! —dijo preocupado por la reacción del taxista— Por favor, es urgente...
— Hijo... —dijo el taxista conectando con la mirada triste del castaño e hizo una mueca. Puso sus manos en el volante— No te puedo llevar allá, pero puedo acercarte a una ciudad saliendo de aquí. ¿Te funciona? Allá puedes tomar un autobús o algo que te acerque más.
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Delirio [Rubegetta]
FanfictionRubius hace años que sobrevive entre adicciones de drogas. Es un joven de 28 años con la piel tatuada de cicatrices que nadie ve, excepto él. La adicción ya es parte de su rutina. En una noche, en medio de un episodio entre la realidad y el delirio...
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