Final.

165 21 47
                                        

La oscuridad arremetía contra él como feroces olas bajo una tormenta. Sentía que se estaba ahogando, no podía respirar. Movía su cuerpo con desesperación, intentando emerger hacia la superficie para llenar sus pulmones de aire, pero fuertes cadenas lo apresaban, manteniéndolo en el fondo de aquella ominosa oscuridad e impidiéndole liberarse.

Jinwoo abrió la puerta, dejando que la luz amarillenta del exterior ingresara hacia aquella oscura habitación azul.

—Veo que despertaste —avanzó con lentitud, los pasos de sus zapatos extremadamente lustrados resonando por la habitación de madera—. ¿Tienes hambre? Pronto comenzaremos a ensayar para nuestro próximo acto.

La voz de Jinwoo tenía un tono casi amistoso, pero la frialdad en sus ojos contaba una historia diferente. La luz proyectaba sombras inquietantes en las paredes, y el contraste entre la cálida luz y la oscura habitación solo intensificaba la sensación de opresión.

—No, no tengo hambre —respondió, intentando mantener la calma en su voz, aunque por dentro sentía el pánico arañando las paredes de su mente.

Jinwoo sonrió levemente, un gesto que no alcanzó sus ojos. Se agachó, acercando su rostro al de Eunwoo, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y amenaza.

—Es una lástima —dijo en un susurro—. Necesitarás todas tus fuerzas para lo que viene.

Ignorando las lágrimas que descendían silenciosamente por sus mejillas, Jinwoo se levantó y dio media vuelta, dirigiéndose hacia la puerta. Cada paso resonaba en la habitación azulada, intensificando la sensación de opresión que Eunwoo sentía en el pecho.

Las horas que siguieron se volvieron interminables en su mente, cada minuto estirándose como una eternidad. En algún momento, la puerta se abrió nuevamente y se vio obligado a abandonar la reconfortante pero sombría habitación azulada. El aire frío del pasillo lo golpeó de lleno, sacudiéndolo de su estado de estupor.

Salió al incandescente pasillo amarillo, un corredor que parecía extenderse más allá de lo posible, como un túnel interminable de luz cegadora. Las paredes irradiaban un brillo casi insoportable, intensificando la sensación de que estaba atrapado en una pesadilla de la que no podía despertar. El eco de sus pasos reverberaba en el aire, cada sonido amplificando su ansiedad.

Para luego, segundos después entrar a una habitación roja en su totalidad, en donde todos estaban practicando la próxima coreografía que se realizaría en el pueblo, antes de marcharse para siempre.

La última actuación antes de que el circo desapareciera para siempre.

Cada movimiento era ensayado meticulosamente, con una sincronización perfecta que resultaba inquietante. La música, un compás repetitivo y hipnótico, llenaba el aire, añadiendo una capa adicional de surrealismo a la escena. Las luces rojizas iluminaban los rostros de los artistas, resaltando sus expresiones de concentración y determinación

El ambiente cargado de la habitación roja le hacía difícil respirar, y cada inhalación le recordaba que estaba atrapado en las garras de un monstruo.

De repente, misteriosas manos lo tomaron por los brazos, arrastrándolo hacia el centro de la danza. Sentía cómo lo tocaban por todas partes, invasivas y persistentes. Sus brazos se levantaban sin su consentimiento, moviéndose débilmente al compás de una música siniestra. La sensación de pérdida de control se apoderaba de él, intensificando su desesperación.

Poco a poco, sentía que estaba perdiendo la cordura. Su mirada se nublaba, atrapada por la oscuridad roja que lo rodeaba. La danza continuaba a su alrededor, sus movimientos precisos y mecánicos acentuaban su sensación de aislamiento y vulnerabilidad. El mundo se desdibujaba, y todo lo que podía percibir era el ritmo hipnótico de la coreografía y las manos que lo manipulaban como una marioneta.

Circus || BinwooDonde viven las historias. Descúbrelo ahora