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No tuve percepción del tiempo hasta que ví la hora en mi celular...

¡Con un carajo, ya son las 9 de la mañana! ¿En que momento sucedió? Solo recuerdo que le contesté a Rudy, debí quedarme dormida en el sillón; como pude, salté y corrí hacia el baño para lavarme la cara y ponerme un poco de perfume porque claro, no alcanzo a darme una ducha, hasta con el mismo uniforme tomé mis cosas y salí corriendo de mi casa al Hospital.

–¡Menuda mierda!— me dije yo — ¿Cómo carajos me pude quedar dormida? La Dra. Vázquez me matará por esto, y si no le doy una razón concreta será peor–.

Seguí corriendo hasta llegar al Hospital y de puro milagro ví a Alicia y a Carolina comprando comida ahí afuera.

–Micaela ¿qué son estas horas de llegar?— dijo Alicia en tono burlón.

–Me quedé dormida en el sillón y apenas hace media hora acabo de levatarme— estaba jadeando mucho, no recuerdo el haber corrido tanto en mi vida.

–Le dijimos a la Dra. Vázquez que tuviste un problema con tu casa, y que cuando llegaras que fueras a su oficina— mencionó Carolina mientras se comía su tamal.

–Gracias gracias, ahorita vengo y las alcanzo— seguí mi camino corriendo para entrar antes de otro regaño.

Atravesé el lobby disminuyendo mi ritmo para no alterar a la gente y llegué al elevador, como tardaba mucho en bajar me arriesgué a subir por las escaleras, no me gustan estas cosas porque me canso rápido y tengo malos recuerdos en ellas.

Toda mareada y tambaleándome de un lado a otro llegué al piso 3 a dejar mis cosas en el casillero, dentro de mí había mucho miedo por el simple hecho de saber como iba a reaccionar; todos los que han tenido problemas con ella no vuelven a pisar este Hospital en su vida, llegué a su oficina y toqué levemente.

–Pasa Domínguez— ¿cómo supo que era yo? No es posible.

–Bue... buenos días Dra. Vázquez— hablé con los nervios hasta las nubes y cerré la puerta tras de mí —me disculpo por este acto de indisciplina–.

–La enfermera González me pasó el reporte de que usted tuvo problemas con su casa esta mañana ¿estoy en lo cierto?— no me gusta nada su tono serio, presiento algo muy malo.

–Sí, tuve un ligero problema con una plaga en mi jardín principal y lo resolví hasta hace apenas un rato— mi jardín ni plaga tiene, pero fue la excusa mas barata que se me ocurrió.

–Hmmpf... la enfermera González me pasó el reporte de que usted arregló su cocina hasta muy tarde— esa hija de los mil carajos me las va a pagar, en ese instante ví a la Dra. pararse enojada y golpeando la mesa al unisono –¿a qué estamos jugando Domínguez? ¿Dónde queda la seriedad?–.

No podía contestar de lo nerviosa y asustada que estaba, ni siquiera podía articular una palabra.

–Yo no...–.

–¿Cree que los pacientes tienen todo el tiempo del mundo como para que usted se quede en su casa haciendo no se qué? ¿Qué fue lo que me dijo cuando la ingresaron aquí? Que su deber estaba en la gente e importaban mas que su propia vida ¿correcto?–.

Solo asentí, me sentía avergonzada y chiquita por lo que pasó; la doctora suspiró calmada y se volvió a su mesa tomando su bata.

–Que esta sea la última vez que llega tarde, y como castigo le quitaré una semana de vacaciones ¿entendido?–.

Volví a asentir cabizbaja.

–Bien, ahora vayase de mi oficina que me tengo que retirar a trabajar— haciendo hincapié en esa última palabra.

UNA SIMPLE ENFERMERA (Alejandro Vargas x Tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora