XIV.- Lazos de Manada

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Stiles suspiró por décima vez en el día, amaba su nueva rutina pero estaba agotado y su padre junto con su tío han estado buscándolo en casa de Camden y Jordan, seguía sin ganas de verlos pero ahora decían que querían hablar con él acerca de lo que había sucedido con los Hale, a pesar de que Derek y los demás le explicaron lo que había pasado.

— Cachorro. — miró al hombre que se sentó a su lado — Te veo algo cansado, ¿todo bien? — le preguntó Peter mientras acariciaba el cabello del menor.

— Algo. Solo tengo tareas que acabar y esconderme de papá y mi tío.

— ¿Por qué no te quedas en la mansión? Hay habitaciones de sombra y las remodelaciones están por terminar. Todos estaríamos encantados con tenerte, eres manada y siempre hay un lugar para ti con nosotros. — le dijo el mayor con cariño.

— ¿De verdad estaría bien?

— Sti eres parte de la manada, eres uno de nosotros y todos te adoramos. Eres parte de nuestra vida diaria. Además, puedes esconderte de ellos de manera más sencilla, son amigos pero no pueden entrar a la mansión.

Stiles sonrió y se recargó sobre el hombro del mayor.

Peter sonrió, ese niño se había convertido en otro hijo para él y no tenía nada que ver la conexión que tenía con Noah. Stiles se había ganado el corazón del frío lobo, Peter sentía que ese chico había nacido y el destino lo había llevado a ellos para no solo ser una parte importante de la manada sino para convertirse en su hijo, su cachorro.

*

— ¡Esto será genial! Todas las noches habrá pijamadas. — dijo Javier emocionado mientras dejaba algunas cajas en la nueva habitación de Stiles.

El castaño al fin había decidido mudarse a la mansión Hale, todos estaban emocionados por ese hecho y el chico solo podía sonreír al sentir el amor y cariño de todos.

— Si tu lo dices, tengo que advertirte que puedo pasar noches entras ocupado con mis tareas o investigaciones.

— Eso no importa castañito. Es bastante relajante solo acompañarte mientras haces tus cosas. — le dijo Daniela mientras le arrebataba la caja al humano.

— ¿Van a dejarme hacer algo?

— Nop. Hay más de diez lobos aquí y la mayoría de nosotros podemos cargar el doble de nuestro peso así que nos encargamos del trabajo duro. — le dijo Irene con otras tres cajas.

— Me siento inútil.

Derek sonrió y tomó la mano del castaño entrelazando sus dedos.

En esas semanas los dos se habían vuelto más cercanos, habían salido en algunas citas, pero no habían hecho nada oficial a pesar de que siempre estaban abrazados o dejaban suaves caricias en el otro como algunos besos en la mejilla, la cabeza y más. Los demás solo morían de ternura con todas esas muestras de afecto.

— No eres inútil, a nosotros nos gusta ayudarte, tampoco tienes muchas cosas. Por cierto, papá y Axel hicieron hamburguesas y papas curveadas caseras, te van a encantar.

— ¿Por qué siente que tu tuviste que ver con eso? Es mi comida favorita.

— Lo sé, yo solo di la idea. — sonrió con diversión para después dejó un suave beso en la cabeza del castaño.

— Fingiré que voy a creerte. — lo empujó levemente.

Derek rio levemente.

— Tortolitos dejen el amor de lado, tenemos que ir a comer. — les dijo Aster con diversión.

Joel se acercó a su primo y su castaño favorito y los acompañó al comedor.

— Me sigue sorprendiendo el tamaño de este lugar. — dijo Stiles viendo con atención todo lo que tenía al alcance. Cuando remodelaron la mansión la hicieron mucho más grande para tener espacio para futuros miembros de la manada, a pesar de que muchos de los betas de Derek aún no vivían en la mansión.

— Es el tamaño justo.

— Aunque a algunos nos hace falta más. — se quejó Joel mientras su hermana solo le sacaba la lengua.

— A Mal le gusta estar en un lugar mpas grande, estaba acostumbrada al bosque. — le dijo Stiles mientras acariciaba el cabello del menor.

— Lo sé, pero es divertido molestarla.

La chica bufó detrás de ellos mientras Kira reía con diversión, su novia a veces era complicada pero así la amaba.

Stiles siguió a sus dos Hale favoritos, aunque jamás lo admitiría en voz alta, al comedor donde todos los esperaban con emoción. Esa era su familia, había personas que esperaban por él en la mesa, que se alegraba de verlo y escucharlo y por un momento se olvidó de su padre, de su madre y de su tío. Era como si todas sus preocupaciones hubieran desaparecido, como si el peso del mundo se desvaneciera poco a poco.

*

Noah miró con tristeza la fotografía que tenía en su escritorio, ahí estaba un Stiles de ocho años sosteniendo un libro enorme mientras él lo abrazaba con fuerza. Cometió un error al esconderle la verdad a su hijo. Noah sabía que Stiles se sentía como un pez fuera del agua, se sentía juzgado y siempre lo molestaban, sabía que su hijo sentía que no encajaba en el mundo. Lo mejor que pudo haber hecho era contarle la verdad de este otro mundo donde no se sentiría diferente.

— No podemos hacer nada más que intentar. — susurró Noah mientras negaba con la cabeza.

— O simplemente dejarlo en paz. El cachorro no es una persona necio o insensata, es inteligente. Pero es un adolescente que esta herido y se protege a sí mismo para no sentirse de esa manera, de nuevo. — dijo Thalia mientras entraba a la oficina.

— Hola, Thalia. Me imagino que vienes a decirme que me aleje de Stiles.

— Para nada. — se sentó sobre la silla — Sé lo difícil que es cuidar de un niño en este mundo de humanos y peligros que no queremos imaginarnos. Estabas haciendo esto para mantenerlo seguro, tenías miedo de que se lo llevarán lejos o pudieran hacerle daño. Lo viviste con Claudia.

— Claudia fue perseguida durante mucho tiempo por el don que tenía, la ataron a una vida donde las personas podían estar agradecidas con ella u odiarla y llegar a hacerle daño.

— Tal vez debiste de decirle las cosa a Mitch de esa manera. Creo que él está enojado porque le ocultaste el mundo al que pertenecía.

— Quería protegerlo.

— Lo sé. Pero ahora tienes que darle tiempo para sanar, pero no agorzomarlo.

— No quiero que piense que lo abandone.

— Dame notas o cartas y yo se las entregaré, también puedes dárselas a Camden o Jordan. Nosotros lo estamos ayudando y sé que pronto encontrará esa paz para hablar contigo y Deucalion.

— Es buena idea, gracias Thalia. — sonrió levemente — Te había extrañado, amiga mía.

— Lo mismo digo, pequeño Noah, lo mismo digo.

El humano rio levemente ante el apodo que la mujer le había dado cuando eran adolescentes.

Había una cosa que Noah agradecía y era que su hijo encontrara un hogar con los Hale, como él lo había hecho tantos años atrás. 

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