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Cecil

Abril

Casi todo el mundo me había dejado su marca, me identificaron tan rápido con algo que al recordarlo se volvía irreal y hasta cierto punto existía un grado de poder.

Aunque eso yo tarde en saberlo.

Verde era igual a enfermiza.

Verde era igual a mentirosa.

Verde era igual a venenosa.

¿Era todo eso?

Lo habían hecho ver tan fácil, pero a mí me resultaba imposible identificarme con un nuevo nombre. No sabía porque sucedía, si las canciones ya eran mías, quería decir que ya le estaba dando un significado a mi persona.

Recostada en mi cama el frio me empapo, estaba a oscuras y sola. Recordé que aún tenía un poco de alcohol de los meses pasados, lo traté de buscar sin la luz encendida, hasta que por fin lo tuve en mis manos.

Di el primer trago, no lograba asimilar el sabor, sin embargo, por una extraña razón ese quemazón que bajaba a través de mi cuerpo ayudaba a cubrir algunas cosas, como el hecho de que Georgina la mayoría de las veces no estaba en casa y las ocasiones en las que sí, ni siquiera me miraba, y ni hablar de mi padre adoptivo que a pesar de que me daba su cariño, siempre estaba fuera por sus proyectos.

Yo tenía proyectos y dos personas que me apoyaban. Admito que, si llego a ser suficiente, pero repito... poder.

Di otro sorbo y sus ojos azules pintaron mi oscuridad. Después de que le cante en medio de un tumulto de gente y de que él me diera el mejor obsequio del mundo, nos volvimos más unidos, aunque seguía rechazando mis intentos de beso.

Cada vez que nos veíamos me daba un revisión estricta para saber si tenía algo entre los dientes u otra cosa parecida que le impidiera el contacto hacia mí.

Tomé otro trago, me sentía sola porque quería, Marck me había invitado a quedarme en su departamento cuando le conté lo de mis padres y rechacé esa invitación. En mi defensa fue por cuestiones morales, sentía que ya hacer eso era otro tipo de privacidad y de exclusividad.

Me incorpore desganada hasta llegar a mi alcoba. Abrí la ventana y la brisa entro provocando que la piel se me erizara, dejé a un lado la botella y abracé mi cuerpo.

Un minuto y nada.

Dos minutos y los sonido de los animales nocturnos se colaron en mis oídos.

Y diez minutos después, sentí una mirada, pero no como aquellas que Marck me daba deteniéndome el mundo, esta me veía y el mundo seguía girando incluso más rápido.

La señal perfecta y el elemento adecuado.

Contemple el cielo nocturno bañado de estrellas. Y en un universo gigante, yo quería ser lo predominante.

Observe lo que pudieron ser horas la luna nueva... brillante y con algunos bordes imperfectos, pero seguía siendo hermosa.

Un análisis más. Lo tenía.

¿Qué quería ser? Fuera de que anhelaba ser parte de la industria, también quería ser fiel a las personas que me apoyaban y solamente por una ocasión quería tener la oportunidad de ser humana.

La luna siempre estaba en cada desvelo, escuchando a cada persona su calma o su desastre. Tiene diferentes facetas, a veces está llena, media vacía o muy débil. Y a pesar de eso su luz nunca se iba.

Entera. A medias. Débil.

Brillante. Humana. Sin perder la luz.

Podía ser todo eso.

Green queen [#1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora