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Cecil

Noviembre 

A quien quería engañar. Esos segundos de desinterés de lo que podía pasar en mi vida se esfumaron igual de rápido que mis oportunidades de mejorar.

Cuando algo malo pasaba, el tiempo se me hacía eterno.

Las reprendías de mis dos representantes no habían parado, era reclamo tras reclamo, pero jamás se detuvieron a preguntarme lo que de verdad había sucedido. Y me lastimaba tanto que les creyeran a personas ajenas antes que a mí.

Las críticas y el odio se intensifico, mensajes de personas desconocidas insultándome no paraban de llegarme. Me planteé en irme de Los Ángeles o tomar pastillas para dormir en dosis elevadas, pero incluso así hubieran hablado de lo débil que fui.

Y ya no quería ser débil.

Pero aquella sensación me estaba carcomiendo todo lo que era. Me quería dar por vencida, pero simplemente no me hacía a la idea de dejar mi sueño.

Pero tampoco sabía cómo arreglarlo.

Claramente pensaba que Marck ya no estaría en mis planes. Porque nadie quería salir con la persona que comete error tras error, tampoco con alguien que solo vivía a base de manipulaciones y complacencias.

Ni siquiera fingiendo...

Me tenía que hacer a la idea, que lo único cercano al amor iba a ser... nada.

Quizás eso era lo que merecía.

¿Quién se podía quedar con la reina verde? La que tenía millones de dólares pero que no le pertenecían, la que tenía un apellido de alta sociedad, pero no lo hacía notar como se merecía.

Después de aquella noticia sobre mí, no salí para nada de mi habitación. Yo creo que Georgina y Andrew pensaron que era lo más conveniente. Nunca supe si llegaron arreglar aquel problema.

—Cecil—llamarón a mi puerta. Reconocí la voz, pero no estaba dispuesta a escuchar su vida de influencer.

—Quiero estará sola, Nalla.

—Cecil, no te puedes quedar otro día sin comer. Por favor abre— suplicó.

Me levante de la cama rápido y un vértigo me ataco a causa de los días ausentes sin comida. Con dificultad, llegué a la puerta y le di paso a mi amiga.

Ella se veía tan arreglada a lado mío.

Al percatarse de mi dificultad para sostenerme, me tomo de mi antebrazo y me ayudo a llegar a mi cama.

—Debí venir antes—comentó— mira cómo te vez.

Negué con la cabeza. Al final de cuentas no era culpa de ella.

—Tu madre no esta y al servicio no la encontré, pero te traje esto—Vacío el contenido de su bolso de diseñador y enseguida salió comida chatarra.

Mis ojos se iluminaron al ver tal cosa, hacia mucho que no comía algo así, que mi boca ansiaba probar uno de los chocolates.

—Gracias, Nalla. — sonreí y ella me regreso el gesto.

Al tener el primer bocado me sentí en el paraíso, después seguí con una bolsa de papas que me metí a la boca sin importar la cantidad que podía alcanzar en ella, la chatarra parecía no tener fin. Pero cada vez que comía se esfumaban los pensamientos malos y si Nalla hablaba no la escuchaba al igual que a mi subconsciente.

Fue hasta que mi estomago se me revolvió y volví a mi realidad, mirando todo lo que había comido; con culpa fui directo al baño y me encontré al espejo, mostrándome un reflejo que hizo que me destruyera más.

Green queen [#1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora