Capitulo 6 Dont Die Before I Do

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Pete se despertó confuso y desorientado, moviendo los ojos con esfuerzo de un lado a otro, sintiendo cómo su cuerpo pedía salir de la cama.

Un dolor agudo martilleaba en su cabeza. Cerró los ojos con fuerza, tratando de entender lo que ocurría, pero algo le decía que estaba en problemas, aunque no lograba identificar qué exactamente. ¿Qué sabía él? ¿Dónde estaba? Observó a su alrededor y se dio cuenta de que no era su hogar.

Pero, ¿cuál era su hogar? ¿Acaso este lugar lo era? No lograba recordarlo. La habitación tenía el aspecto de un hospital. ¿Estaba herido? No podía asegurarlo. Podría haber estado allí toda su vida, pero su memoria fallaba. De repente, el dolor de cabeza se intensificó.

Escuchó a las enfermeras corriendo por los pasillos hacia él. ¿Cuánto tiempo había estado fuera de combate? ¿Días, meses, tal vez años? No podía recordar nada. ¿Cuál era su nombre? El pánico comenzó a apoderarse de él al darse cuenta de que había perdido todos sus recuerdos. ¿Quién era? ¿Dónde estaba? ¿Qué demonios estaba pasando?

Justo cuando el pánico parecía inevitable, una enfermera con una voz familiar comenzó a calmarlo con palabras alentadoras.

-Bienvenido al mundo de los vivos -dijo ella en un tailandés fluido. Él entendió perfectamente, ya que dominaba el idioma. Ella quería tranquilizarlo y ser amigable. Pete logró sonreír, aunque no tenía ni idea de qué decir.

Carraspeó varias veces, sintiendo su garganta seca y dificultad para hablar.

Miró a la enfermera que notó su incomodidad y le ofreció un vaso de agua. Lo tomó y bebió en largos sorbos, estaba completamente sediento. ¿Quién podría culparlo?

-Gracias-dijo con dificultad. La enfermera recogió el vaso vacío, acercándose lo suficiente para mantener una distancia respetuosa sin parecer distante.

-Me llamo Amber y necesito hacerte unas preguntas, ¿está bien? -se presenta amigablemente.

Pete asintió, no conociendo otra respuesta adecuada. La enfermera tomó el tablero. Pete intentó sentarse, pero el intenso dolor le arrancó un gemido y se encogió.

La enfermera puso una mano en su hombro.
-Ve despacio por tu propio bien- le aconsejó.

A pesar del dolor, Pete persistió y se esforzó hasta incorporarse. La enfermera lo observó con preocupación y también con admiración por su tenacidad.

Pete ciertamente es fuerte.

-Comencemos con una pregunta sencilla-dijo Amber. -¿Sabes dónde estás? -

Pete luchaba por encontrar las palabras. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado. Frunció el ceño, tratando de recordar.
-Estoy en el hospital-logró decir con frustración. -Sé que estoy en un hospital, eso es todo lo que sé-confesó Pete. La enfermera Amber pareció aliviada y anotó algo mientras él descansaba la cabeza, exhausto.

-De acuerdo, déjame formularte otra pregunta -prosiguió Amber-. ¿Cuál es tu nombre? -La enfermera lo observó con inquietud, tal vez no era la forma adecuada de preguntarlo, y cuando Pete vaciló, la enfermera le tomó la mano-Tranquilo.

Pero Pete no recordaba su nombre y le resultaba difícil admitirlo. Simplemente no podía. Se creó un silencio tenso, cargado de incertidumbre. Al final, Pete reunió valor para decir la verdad, con voz cansada y vulnerable.

-No lo sé -admitió, dejando un aire de incertidumbre.

-Te llamas Pete y actualmente estás en Milán -empezó a explicar Amber, sus palabras envolvieron a Pete con una calidez reconfortante. No recordaba cómo había llegado a Milán ni mucho menos el haber viajado desde tan lejos. Amber consultó sus notas en busca de alguna pista sobre su pasado. -Estoy bastante segura de que estabas en Singapur antes de llegar aquí -dijo mientras revisaba la historia clínica del paciente. -Vienes de muy lejos-

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