Capítulo 3: Ya no es tan cotidiano I

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Alma ejercía sus labores de siempre en la mañana, que incluía preparar la inmensa cantidad de comida que desayunaba su inquilina. La llamaba al empezar a cocinar, pues sabía que Ashika demoraba arreglándose antes de bajar. Como mujer que era, entendía lo mucho que la jovencita se preocupaba por su aspecto. El desayuno de hoy lo conformaban algunas hogazas de pan recién horneado que ella misma preparaba, algo de leche y algunas frutas.

—Qué buen olor desprende— Comentó la comadrona, aproximándose al horno de piedra donde se horneaba el pan— Hmm, creo que ya está listo.

Alma se retiró momentáneamente para alcanzar una bandeja y volvió para posteriormente poner el pan caliente en ella y dejarlo encima de la mesa.

—Listo.

Justo en ese momento, oyó los pasitos apurados de su inquilina que bajaba para desayunar y la saludó como siempre:

—Buenos días, Ashika.

Cuando estuvo a punto de preguntarle: «¿Cómo dormiste?», la comadrona notó las bolsas que sobresalían debajo de los ojos de nuestra pelirroja. Fijándose con más detalle, vio también algunos de los nudos en sus cabellos naranja. Sumado a todo eso, estaba la amargada, más bien enojada, expresión que había en su rostro. Notando el mal humor de la joven, Alma solo se limitó a sonreír y dijo:

—¿Tuviste una mala noche con los estudios?

—Sí… la peor de la historia.

—No te sentí llegar anoche.

—Llegué muy tarde y no quería despertarla.

—Entiendo eso— Asintió Alma con preocupación— Pero, ¿qué hizo que llegaras tan tarde anoche? Me quedé despierta hasta muy tarde esperándote con la cena hecha.

—Yo…. M-m-m me quedé ensimismada estudiando y cuando vi afuera estaba lloviendo— Explicó Ashika intentando esconder sus obvios nervios— Por eso tuve que esperar en la biblioteca hasta que escampara y luego a que viniera una patrulla para que me escoltara hasta acá.

—Bueno, supongo que no sería bueno que te resfriaras si vienes bajo la lluvia.

La comadrona sonrió aliviada y abandonó el tema. Ashika soltó un profundo suspiro de alivio al ver que Alma había creído en sus palabras. Se sentía mal por mentirle así, pero lo que pasó la noche anterior era un asunto que no podía compartir con nadie.

—¿Qué hay para desayunar?— Preguntó nuestra pelirroja con naturalidad.

—Ahora lo verás. Pero antes…

Alma se acercó a la mesa y colocó delante de su inquilina una cajita de aspecto femenino, junto a una brocha y un espejo de mano.

—¿Qué es esto?

—Seguro que no lo has visto pues eres del campo. Pero esto es maquillaje, voy a usarlo para esconder esas ojeras.

—¿¡Qué!?— Exclamó Ashika avergonzada— ¡No tienes necesidad, Alma!

—¡Nada de eso! No voy a permitir que una señorita de tu edad arruine su aspecto con esas bolsas debajo de los ojos.

—¡Pero!

—¡Nada de peros! Voy a tapar esas ojeras, y a peinar ese cabello. Solo después de eso, podrá desayunar e irse a la escuela.

—¡Pero si llego tarde de nuevo!

—Entonces seré rápida.

Con una velocidad increíble, la comadrona abrió la cajita empolvó la brocha en el polvo cuyo color era más parecido al de la piel de nuestra pelirroja y se puso a trabajar. En cuestión de segundos, Alma logró esconder las ojeras y procedió a desenredar los nudos restantes del cabello de Ashika.

Technomancy #PGP2024Donde viven las historias. Descúbrelo ahora