Capítulo 12

272 16 4
                                        

Erin:

El agua congelada recorría mi cuerpo, las gotas frías me bañaban en su totalidad, los músculos de mi cuerpo antes tensos ahora se relajan debido al contacto. Los recuerdos de los últimos días invaden mi mente, un cúmulo de emociones ascienden a mi garganta como si quisieran asfixiarme.

He intentado huir de este lugar, pero es completamente imposible, cada uno de mis intentos terminaban siendo un fracaso, varias veces fui detenida por los guardias que custodian los alrededores de la casa, y yo era regresada a la que ahora se había convertido en mi habitación. Me ha mantenido retenida; otra vez, solo que esta vez no contaba con la máxima seguridad que ha puesto, las posibilidades de un escape se sienten tan inalcanzables, prueba de ello son los veinte intentos que he realizado, los cuales; se han visto frustrados.

Me encontraba ajena a lo que ocurría fuera de mi habitación, porque sí, no tenía permitido salir de estas cuatro paredes que me mantenían cautiva, la empleada me traía las comidas y luego volvía para llevarse la bandeja; no sabía dónde estaba, ni dónde estaba él, ni que había pasado después de estar desaparecida. Solo habían pasado cinco días. Cinco malditos días desde aquella noche dónde había descubierto quién era, y la forma en que nos engañó a todos.

Sin remordimientos.

Sin conciencia.

Sin moral.

No le importó meterse conmigo sabiendo muy bien quién era yo, jugar conmigo tampoco le importó, solo fui un juego, la pieza que movía según sus interés y satisfacía sus deseos.

Extiendo mi mano para cerrar la llave del grifo, giro sobre mis talones y alcanzo la toalla, seco las gotas de agua impregnadas en mi rostro, doy un ligero salto al verlo parado en la puerta, mirándome, recorre mi cuerpo con sus ojos, reconozco esa mirada que se instala en ellos, es la de una depredador, hambriento por degustar su presa.

—¿Qué coño haces ahí?—cubro con la toalla mi cuerpo impidiéndole la vista.

Sus ojos grises impactan contra los míos, es un duelo de miradas, estoy enojada, furiosa, y no tengo intención de ocultarlo.

—Tienes veinte minutos para estar lista, saldremos del país —sus palabras me dejan atónita, vuelve sobre sus pasos y no dudo en seguirlo.

Afianzó con fuerza la toalla a mi alrededor impidiendo que caiga, camino detrás de él dejando un ligero rastro de mis huellas por el suelo de la habitación. Intento seguir sus pasos lo cual se me dificulta debido a la diferencia de tamaño, mis pasos son más cortos en comparación a los suyos.

—No lo haré—afirmo haciendo que deje de hablar con el guardia.

—Todos fuera, ¡Ahora!—todos salen dejándonos solos.

En pocos segundos lo tengo muy cerca de mí, pero aún existe un espacio considerable que nos separa.

—¿Estás loca?, ¿Cómo carajos se te ocurre bajar así? ¿Quieres que mate a alguien?

Sus palabras hacen que un ligero sonrojo se apropie de mis mejillas, tiene algo de razón, no debí bajar con solo una toalla cubriéndome, pero mi enojo puede más.

—No pienso irme contigo.

—¿Crees que tienes opción?—habla con confianza— ¿Crees que esto es alguna absurda petición? Creí que había sido claro cuando dije que no te dejaría ir. Jamás.

—Eres tú quién está equivocado—señalo con mi dedo en su dirección— ¿Crees que me marcharé contigo después de tenerme secuestrada todos estos días? Me tienes aquí en contra de mi voluntad, y aún así tienes el descaro de creerte con el derecho de venir y decirme lo que debo hacer.

PERVERSODonde viven las historias. Descúbrelo ahora