➳El aire fresco y húmedo de la tarde se entrelazaba con la lluvia, envolviendo a ambos en un abrazo silencioso pero profundo. Cada gota parecía intensificar el latido tenue pero constante de sus corazones, resonando con una claridad que no habían sentido en mucho tiempo. El puente, una estructura frágil, casi etérea, no era más que una extensión de sus voluntades, una respuesta callada al anhelo que ambos compartían, aunque nunca lo hubieran verbalizado con claridad.
Caminar hacia ese puente significaba dejar atrás, aunque fuera por un momento, el peso del pasado, las sombras de viejas heridas y las dudas que a menudo paralizan. Significaba atreverse a soñar de nuevo, a creer que la vida, aunque impredecible y a veces cruel, todavía tenía algo más que ofrecerles.
Ellos lo sabían, lo sentían en lo más profundo, y en ese instante de coincidencia perfecta, sus miradas se encontraron, fijas y determinadas. No hicieron falta palabras, porque en ese cruce silencioso, en ese reflejo del uno en los ojos del otro, se prometieron un nuevo comienzo. Con suavidad, como si avanzar demasiado rápido pudiera romper el encanto de aquel momento, dieron un paso adelante, bordeando el umbral entre lo que fueron y lo que podían llegar a ser.
A cada paso, el sonido de la lluvia parecía hacerse más melodioso, transformándose en una sinfonía de esperanza que crecía dentro de ellos, alimentando esa chispa que había surgido en lo más oscuro. Y aunque el puente que se extendía ante ellos no aseguraba un camino sin tropiezos o sin caídas, la promesa no estaba en la certeza, sino en la disposición a intentarlo, a avanzar juntos, pues sabían que mientras ambos estuvieran dispuestos a cruzar, no importaba cuán incierto fuera el futuro, lo enfrentarían juntos.
Así, con un último suspiro compartido, se perdieron en el abrazo inmenso del nuevo camino, permitiendo que cada gota de lluvia, lejos de ser una advertencia, se convirtiera en una caricia que les recordaba que, a veces, la vida ofrece segundas oportunidades. Y mientras el puente desaparecía poco a poco detrás de ellos, supieron que ya no había vuelta atrás. Lo único que les quedaba era seguir adelante, juntos, hacia lo desconocido.
El viento afuera seguía acariciando las calles mojadas, susurrando secretos y promesas a quienes se detenían a escuchar. En la pequeña cafetería, el tiempo parecía haberse detenido, confiriendo al lugar un aura casi mágica, como si la lluvia hubiese borrado el bullicio del mundo exterior, dejando solo aquel rincón plácido donde dos almas se encontraban más cerca que nunca.
T/N bajó la vista hacia el libro en su regazo, sus dedos acariciando la tapa de manera inconsciente, preguntándose cómo era posible que unas simples páginas pudiesen resonar tanto con su propia historia. Había algo en las palabras que había leído, en las emociones que habían despertado en ella, que parecían tener una conexión directa con la presencia que tenía frente a sí. Sin embargo, no se sentía intimidada por ello, ni siquiera abrumada; solo agradecida por haber encontrado a alguien dispuesto a compartir ese espacio silencioso, alguien que no sentía la necesidad de romper el silencio con preguntas o consejos, sino que simplemente estaba allí.
Cuando alzó la mirada de nuevo, encontró los ojos de Jimin observándola con una mezcla de serenidad y curiosidad. No le preguntó qué había encontrado en el libro, ni intentó desentrañar los sentimientos reflejados en su rostro. Solo la sostuvo con la calidez de su mirada, siendo ese faro silencioso en medio de la tormenta interna que había batallado por tanto tiempo.
El momento se alargó, envolviéndolos en una especie de burbuja donde no se necesitaban palabras. Jimin volvió a bajar la vista hacia su propio libro, una ligera sonrisa serpenteando en sus labios, como si la conexión que acababan de compartir fuera suficiente para ambos. No había prisa; ni para leer, ni para hablar, ni para huir de lo que sentían.
El silbido del viento, el ritmo suave de la lluvia, el tímido aroma del café que se filtraba desde el mostrador, todo ello componía una sinfonía perfecta para ese instante. Un momento en el que dos seres, aunque distintos, se encontraban compartiendo algo precioso: su propia vulnerabilidad.
Y aunque ninguno de los dos verbalizó lo que sentían, la promesa estaba allí. La promesa de intentar, de no alejarse cuando la sombra del pasado asomara, de caminar juntos, aunque el destino y el camino fueran inciertos. Una promesa silenciosa, sí, pero contundente.
Antes de irse, Jimin dejó un marcador entre las páginas del libro que ella sostenía, y cuando lo miró con curiosidad, él solo dijo suavemente:
—Para que no pierdas el hilo la próxima vez.
Y sin más, se levantó, dejándola con aquel marcador que de algún modo se sentía más como un vínculo, un recordatorio tangible de que, aunque se aventuraran por caminos separados, ese momento compartido siempre estaría allí, guardado entre las páginas de sus vidas.
Fuera de la cafetería, la lluvia comenzaba a menguar, como si incluso el cielo les concediera un respiro, un indicio de que cada tormenta tiene un final y con él, la posibilidad de un nuevo comienzo. Y mientras Jimin se alejaba, una sonrisa leve, apenas perceptible, se formó en los labios de la chica, conscientes de que, lo que había empezado como un encuentro fortuito, podría ser el inicio de algo más profundo, algo que ni siquiera el viento podría llevarse.➳
~𝐸𝑠𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒𝑠 ℎ𝑎𝑙𝑙𝑎 𝑔𝑢𝑠𝑡𝑎𝑑𝑜 𝐿𝑢𝑛𝑖𝑡𝑎𝑠... 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑛 지민 𝑙𝑜𝑣𝑒!
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~𝐽𝑖𝑚𝑖𝑛~ 𝐿𝑎 𝑐ℎ𝑖𝑐𝑎 𝐼𝑛𝑣𝑖𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒
Fanfiction...𝑈𝑛𝑎 𝑐ℎ𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑝𝑖𝑒𝑑𝑟𝑎 𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑎𝑡𝑟𝑎𝑝𝑎𝑑𝑎 𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑐ℎ𝑖𝑐𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑜𝑝𝑢𝑙𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑒𝑙𝑎...𝐿𝑜𝑔𝑟𝑎𝑟𝑎́ ℎ𝑢𝑖𝑟 𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒...
