El de ojos miel tenía una expresión en el rostro sin nombre. No podía creer lo que estaba viendo en ese momento.
— ¿Qué te pasó?
Nanami paso con delicadeza sus dedos en el rostro de Mahito. Aparte del moretón rojizo que tenía debajo de sus labios, había otro alrededor de su ojo, incluso la ceja de su ojo color azul parecía rota, con sangre reseca similar a una cicatriz. Estaba desconcertado, ¿se metió en una pelea? No le parecía alguien conflictivo.
— No me veas así. — Mahito sin previo aviso se ocultó dentro del pecho de Nanami, aferrándose como si su vida dependiera de ello, el rubio paso sus brazos nuevamente alrededor del delgado cuerpo entre su pecho, aún confundido.
— Sé que no soy una persona que pueda pedirte ciertas cosas si es que tú no quieres, pero de verdad Mahito, me gustaría que no hubiera malas interpretaciones entre nosotros, ¿me entiendes?
— Hablas mucho.
— Solo quisiera saber que es lo que te sucede, quiero entender, ¿me dirías quién te hizo eso?
— Me caí.
Nanami estaba incrédulo. Era más que obvio, que aquellos golpes en el bello rostro pálido frente a él no habían sido provocados por una simple caída, y teniendo esto en cuenta, Nanami acepto aquello como respuesta.
— Vale, está bien, te caíste entonces.
— Chi.
— Ese suelo en el que te caíste tiene nombre y apellido, ¿verdad?
Mahito soltó un suspiro. Se sentía avergonzado y miserable entre aquellos brazos que tanto anhelaba. No sentía que merecía estar ahí.
— ¿Podemos irnos? — Mahito preguntó sin más rodeos, los ojos brillosos con lagrimas observaban al de ojos miel que sin titubeo alguno, asintió y solo así se retiraron de la escuela.
Nanami estaba dispuesto a esperar a Mahito. Sabía que no era fácil poder conocer a su verdadero yo detrás de tantas facetas, pero estaba seguro de que con cada pequeño paso que daba, había algo de progreso entre la relación que tenía con Mahito.
— No me acosté con él....
Nanami distraído por sus pensamientos no había escuchado bien, a lo que presto atención nuevamente a las palabras de Mahito mientras caminaban para llegar a la estación de tren.
— ¿Mi rostro? Solo tiene de adorno estos colores porque no me acosté con él, Nanami.
El rubio detuvo su paso para tomar con cuidado la mano de Mahito, quién no se atrevía a mirarlo mientras hablaba.
— Yo creo que son colores de valentía, Mahito.
El peliazul no esperaba para nada aquellas palabras provenientes del alto de ojos miel.
— Deben doler mucho, ¿no? — Apenas hablo, Mahito nuevamente derramaba lagrimas sin cesar de sus cansados ojos. — Quisiera poder.... ayudarte, ayúdame a entenderte Mahito.
El peliazul rompió en llanto y es que la verdad no sé podía controlar. Era la primera vez en años que una persona se dirigía con tanta suavidad hacia él y no podía aceptarlo, no creía merecerlo. Cansado de la situación, habló sin mayor titubeo.
— No me acosté con él, no quise hacerlo porque estoy cansado, estoy harto, él ya ni siquiera me ayuda, solo se burla de mí, él realmente no me quiere, ni siquiera le importo y es así como me lo demuestra y me duele porque no sé cómo alejarme de él, estoy tan cansado Nanami.... yo ya no puedo.... se supone que yo también soy un hombre, ¿no? Y aun así, mis intentos de defensa personal son una basura contra él, maldito orangután enorme, intento forzarme y le pegue en las bolas y y des-después yo ya no sentía nada....
Nanami estaba estupefacto. No había otra emoción en su cuerpo más que enojo, pero sabía que no podía moverse así de fácil, necesitaba conocer más el terreno al que estaba por meterse, por meter las manos para ayudar a Mahito a salir de aquel círculo vicioso.
— Creo que me drogo.... probablemente me durmió con fentanilo y morfina, él maneja esas cosas y me inyectó, eso es lo último que recuerdo, hasta que desperté con estos moretones, tenia vomito encima y sangre entre mis muslos Nanami.....
Mahito ya no tenia control sobre todas las cosas que estaba diciendo, no recordando que era real y que era un sueño. Por primera vez en mucho tiempo, se dispuso a hablar con lo que creía era la verdad, a decir las cosas tal y como eran desde su perspectiva, y aquellas dudas nuevamente inundaron su ser al no tener ninguna respuesta por parte de Nanami.
— No me crees, ¿cierto? — Mahito rodó los ojos, incrédulo. — Nunca nadie me cree, nadie cree que Suguru Geto es un maldito pedazo de mierda hijo de puta, a lo mejor piensas 'bueno, eso lo mereces por zorra' y si, puede que tengas razón, el mundo tiene razón ¡Me lo merezco por ser una maldita puta!
— Yo te creo, Mahito.
Nanami rompió la poca distancia que había entre los dos y con cuidado, tomo el delicado rostro del peliazul entre sus manos y le miro fijamente.
— Nadie merece ser tratado así, Mahito. Te creo, y estoy dispuesto a meter las manos al fuego por ti. Yo haré pagar a ese hijo de perra.
Mahito tenia un puchero en el rostro, a lo que negó rotundamente, riendo.
— No lo harás, Nanami.
— ¿Porqué estás tan seguro? — cuestionó confundido el rubio.
— Porque a pesar de todo, yo lo amo.
Un dolor en el pecho fue el que le dio un golpe de realidad a Nanami al escuchar aquellas palabras. Su rostro ya no demostraba un ápice de sorpresa. Ahora estaba serio, mirando al peliazul. Y es que, ¿quién se creía, el príncipe azul de Mahito? ¿Acaso lo iba a salvar de su infierno? Algo estaba mal, su instinto le alertaba de algo. No le creía, Mahito estaba mintiendo.
— ¿Estás seguro de eso? — Nanami pregunto, esperando recibir una respuesta honesta y sincera por parte del de ojos de color. Realmente no quería creer esa última parte, ¿amarlo? ¿Que clase de amor era ese?
Y solo en aquel momento, Mahito titubeo en poder responder algo, inseguro en decir la verdad y ser sincero con el rubio y él mismo, y es que al soltar tantas palabras se sentía mareado, no se encontraba en el mejor estado de salud y sin embargo con todo eso, solo le dio una sonrisa al rubio ojos miel frente a él, alzándose de puntas para poder estamparle un beso en su mejilla, cerrando sus ojos, apretando los fornidos hombros del más alto en un último abrazo. Se alejó llorando, tomando sus cosas y retirandose lo más pronto del lugar.
En la calle solo estaba un Nanami abatido, con mucha información que procesar, pero pocas ganas de avanzar.
Y con algo muy seguro, creyó la historia de Mahito a excepción de sus últimas palabras. Estaba seguro de que le había mentido.
ESTÁS LEYENDO
In Your Arms
Fiksyen PeminatMahito y Nanami van en el mismo salón, y a pesar del gran crush que Mahito siente por él, éste nunca lo ha notado. Lo que Nanami no sabía, es que Mahito no era precisamente una mujer. Advertencia ⚠️ - Contenido explícito - Historia de auto lesión ...
