-Yo escuché que no salía - dijo una voz.
-Yo oí que no recibía invitaciones, ni gente - dijo otra.
-Pero se dice que fue a ver al rey - dijo una tercera.
-Bueno, ¿qué les parecieron los vestidos? ¿Les gustan? - dijo, con un tono forzado.
Emma, con los ojos húmedos y un nudo en la garganta, respondió: -No mamá, quiero ir a otra tienda. No me siento cómoda aquí.
-A mí me gustó, pero las mangas y el cuello son incómodos. Sr. Iris, ¿cree que podría modificarlos antes del baile?
La Sr. Iris, con una sonrisa amable. -Si, por supuesto. Será un placer. Se los enviaré cuando estén listos.
-Buena fue un gusto hablar con usted, Condesa Juliette.
El sol de la tarde se filtraba por las calles adoquinadas, creando un halo dorado sobre el rostro de la duquesa. Salimos del establecimiento, con una cesta llena de sedas, encajes, cintas y nos dirigimos a la siguiente tienda. Los chismes, son como una plaga invisible, se habían esparcido por las calles como un velo de murmullos.
"Han visto a la duquesa comprando en la tienda de la Sr. Iris, susurró una joven con un rostro lleno de intriga. "Dicen que busca vestidos para el baile de la reina."
"Y qué curioso," comentó otra, con un tono de voz sarcástico, "el príncipe está haciendo de las suyas, dicen que ha estado frecuentando los burdeles de la ciudad."
La duquesa, con una expresión de indiferencia, ignoró los chismes y continuó su camino, con los ojos puestos en el objetivo. Sabía que tenía que hablar con el príncipe heredero, pero no quería hacerlo en un momento de tensión.
Cuando terminamos de comprar todo lo necesario para el baile, regresamos a casa. Al llegar, Max, el mayordomo principal nos recibió con su habitual expresión imperturbable, nos recibió con una reverencia.
—¿Cómo estuvo su salida?
—¡Divertido! Mamá me regaló un nuevo par de aretes y una diadema. —Alegre
—¿Y a usted, señorita Elí?
—Me regaló un par de guantes y unos collares.
Max, con un movimiento casi imperceptible, se acercó a la duquesa y le susurró algo al oído. La expresión de la duquesa, en un instante, se tornó fría y gélida.
"Vayan a entregar los regalos a sus hermanos," dijo con un tono de voz seco, "y en un rato las veré."
—El joven Evan estaba curioseando en su estudio. Le quité la carta, pero no sé si la vio. Voz tranquila, pero con un toque de preocupación.
—No te preocupes. Sabemos quién la envía.
—No, señora, pero usted sabe quién la envía. —Sonrisa ladeada
—Son dos cartas en estos días pero tienes razón. —Jugando con la carta entre mis manos
Max hizo una reverencia y se retiró.
Una vez en él estudia, llena de recuerdos y de un silencio agobiante, refleja su estado de ánimo. El escritorio de roble tallado, rodeado de libros antiguos, parecía observar con una mirada de melancolía.
Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer la carta. La tinta negra sobre el fino papel antiguo parecía danzar ante sus ojos, como una sombra siniestra que se extendía sobre su vida. Las palabras, escritas con una caligrafía elegante y desgarradora, se le grabaron en la mente como un cuchillo que se clavaba en su alma.
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LA DUQUESA
Fantasy"La pluma de la escritora danzaba febrilmente sobre el pergamino, dejando tras de sí una serpiente de tinta que tejía los secretos y venenosos rumores de la corte. La duquesa, cuya belleza era leyenda y elegancia, un arma, había vuelto a caer presa...
