La Duquesa soltó una risa helada, que resonó en el silencio del jardín.
-El rey nunca abandonó el trono. La sucesión jamás ha estado en peligro. El único al que eres leal es a la Reina y a su príncipe favorito. El Rey no cambiará la sucesión por un capricho de la Reina, eso es una insensatez.
Se acercó al Duque, sus ojos brillando con una intensidad que lo hizo retroceder.
-Yo estoy aquí para impedirlo. Yo he coronado a los reyes de este reino, y esta no será la excepción. Soy la hacedora de reyes. Y tú... -lo escudriño de arriba abajo con desprecio-... eres un don nadie que se hizo con el poder y la riqueza tras manipular, robar y traicionar a quienes confiaron en ti. Eso es lo que eres, Duque. Un oportunista sin escrúpulos.
El Duque Thomas, normalmente tan dueño de sí mismo, vaciló ante la fuerza de las palabras de la Duquesa. Su máscara de serenidad se resquebrajó, revelando por un instante la ambición y la inseguridad que lo carcomía por dentro.
-Está equivocada, Duquesa -replicó con voz tensa-. Yo solo busco lo mejor para el reino. La Reina... Ella es una gobernante sabia y justa.
- ¡Mentiras! -exclamó la Duquesa, interrumpiéndolo-. La Reina solo busca el poder para sí misma y para su hijo. No le importa el reino, ni su gente. Y tú, Duque, eres su marioneta, dispuesto a hacer cualquier cosa para complacerla.
Se acercó aún más al Duque, su voz se convirtió en un susurro peligroso.
-Pero te advierto, Thomas. No permitiré que arruines este reino. Yo haré lo que sea necesario para proteger la sucesión legítima, incluso si eso significa enfrentarme a la Reina y a ti.
En ese momento, un sonido interrumpió la tensa confrontación. Una rama se rompió cerca de ellos, revelando la presencia de una figura oculta entre los arbustos.
En ese instante, una voz interrumpió la tensa confrontación.
-Perdón por interrumpir -dijo una figura que emergió de entre las sombras-. Pero necesito hablar con la Duquesa.
Era el Rey Davio, que se acercaba con una expresión serena pero decidida.
El Duque Thomas hizo una reverencia torpe y se retiró, dejando a la Duquesa a solas con el Rey.
-Vaya, Davio -dijo la Duquesa, sin apartar la vista de la fuente-. Parece que todos quieren hablar conmigo hoy.
El Rey sonrió con una expresión que no llegaba a sus ojos, una máscara de preocupación que no lograba ocultar la verdad.
-Necesito discutir varios asuntos contigo, Duquesa -respondió, su voz era un suave murmullo que contrastaba con la tormenta que se desataba entre ellos-. El desvío de fondos, las joyas robadas... y quizás también sobre la sucesión al trono.
La Duquesa giró lentamente hacia él, sus ojos, normalmente llenos de vida, ahora brillaban con una intensidad fría y calculadora.
-¿Cómo sabes sobre el desvío de fondos?
El Rey se acercó a ella, su voz se redujo a un susurro que solo ella podía oír.
-Porque yo fabriqué los reportes.
La Duquesa lo miró con incredulidad, una mezcla de nostalgia y enojo tiñendo su rostro. El recuerdo de su amistad, de los momentos compartidos, ahora se mezclaba con la amargura de la traición.
-¿Entonces los reportes son falsos?
El Rey asintió con un gesto que parecía dolerle tanto como a ella.
-Mentí para sacarte de tu autodestrucción, de tu encierro. No quería ver a mi amiga caerse a pedazos. - preocupado- Lo siento, de verdad.
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LA DUQUESA
Fantasía"La pluma de la escritora danzaba febrilmente sobre el pergamino, dejando tras de sí una serpiente de tinta que tejía los secretos y venenosos rumores de la corte. La duquesa, cuya belleza era leyenda y elegancia, un arma, había vuelto a caer presa...
