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La Duquesa apretó los puños, luchando por controlar la rabia que la invadía. Era una humillación que no podía permitirse mostrar.

-Entonces, si esos reportes son falsos... Devuélveme mi anillo -extendió la mano, con la palma hacia arriba, una demanda silenciosa que resonaba en el aire.

El Rey sonrió con tristeza, una sonrisa que reflejaba el peso de sus decisiones.

-Muy graciosas, Duquesa. Pero no todos los reportes son falsos. Los desvíos de fondos del ducado y sobre lo del Obispo... esos sí son reales. Me enteré gracias a Henry.

La Duquesa sintió como si una daga le atravesara el corazón. Henrry, mi niño... que se enteró de todos modos ya no es un niño. que debo de admirar el hecho que lo hiciera para protegernos.

El Rey suspiró, su mirada fija en la Duquesa, como si intentara leer sus pensamientos más profundos.

-Todavía lo sigues extrañando, ¿verdad?

La Duquesa asintió, su mirada fija en el anillo que sostenía en su mano.

-Como no tienes idea, Davio.

Acarició la joya con delicadeza, su rostro reflejando una mezcla de tristeza y nostalgia.

-Dígame, Su Alteza -dijo con un tono amargo, pero lleno de un viejo afecto-. ¿Qué príncipe? ¿Será rey? Han esparcido rumores sobre que el hijo de la Reina tiene más derecho al trono, pero usted nombró heredero al hijo... ¿del aquel nombre al que le juraste amor eterno, ¿verdad?A pesar de todo aun la sigues amando, por eso lo hiciste, por eso lo nombraste heredero.

El ambiente se volvió tenso, cargado de secretos y verdades a medias. La Duquesa se giró y lo encaró, su rostro reflejando angustia y preocupación.

-¿Sí? -le exigió, buscando una confirmación a sus sospechas.

El Rey bajó la mirada, incapaz de sostener su escrutinio.

-Sí -admitió con un hilo de voz.

-Por eso me hiciste jurar que yo lo coronaría y nadie más, ¿verdad?

El Rey miró hacia otro lado, evitando su mirada.

-Lo siento -murmuró-. Es solo una forma de mantener la conmigo atrás vez... una forma de mantener viva su memoria.

 Suspiró, resignada.

-Espero que hayas tomado la decisión correcta, Davio -dijo con gravedad-. Espero que no te hayas equivocado. Vas a iniciar una guerra entre ellos, porque de ambos lados, al final, yo termino siendo la hacedora de reyes. Espero que seas consciente de eso, Su Majestad. Porque si esto termina en un baño de sangre, tu memoria será manchada para siempre.

LA DUQUESADonde viven las historias. Descúbrelo ahora