24

7 1 0
                                        

En medio del vals, mientras sus cuerpos se movían al compás de la orquesta, el Rey David se inclinó hacia la Reina y susurró con una voz que apenas superaba el murmullo de la música:

-He oído que planeabas anunciar algo nuevo esta noche, Reina. Una lástima que no hayas consultado mi opinión antes de tomar tal decisión... especialmente cuando el verdadero ya se encuentra.

La Reina se sobresaltó, sus ojos se abrieron con sorpresa y temor.

-¿De qué está hablando, Su Majestad? -un tono de voz apenas audible.

El Rey sonrió con una frialdad que le heló la sangre.

-No se haga la ingenua, mi Reina. Sé de sus ambiciones y de sus maquinaciones. Pero le aseguro que no permitiré que cambie el curso de la historia a su antojo, y yo me aseguraré de que se cumpla su destino.

La Reina intentó recuperar la compostura, pero su rostro la delató.

-Está equivocado, Su Majestad -con voz temblorosa-. Yo solo busco el bienestar del reino.

-Entonces, demuéstrelo -respondió el Rey con una mirada penetrante-. Apoye mi decisión y todo saldrá bien. De lo contrario... las consecuencias podrían ser desastrosas para usted y para todos los que ama.

El baile terminó, y la Reina se alejó del Rey con una mezcla de furia y desesperación. Sabía que el Rey Davio había descubierto su plan y que ahora debía actuar con cautela si quería mantener su poder y proteger a su elegido.

En el jardín.

El Duque Thomas y la Duquesa se adentraron en los jardines, dejando atrás el bullicio del salón. La luz de la luna iluminaba sus rostros mientras caminaban en silencio por los senderos del laberinto.

Finalmente, el Duque se detuvo junto a una fuente y se giró hacia la Duquesa.

-Duquesa -dijo con una voz suave pero firme-. Sé que desconfía de mí, y no la culpo. Mi ascenso en la corte ha sido meteórico en los últimos años, y es natural que se pregunte cuáles son mis verdaderas intenciones.

La Duquesa lo observó con una mirada penetrante, sin revelar sus pensamientos.

-Dudo mucho que quiera hablar de cómo he estado en estos últimos años -respondió con un tono gélido-. Al contrario, usted se benefició de mi ausencia, ¿verdad? Antes era un simple lord, y tras mi partida, se convirtió en duque. Así que, por favor, deje de lado las formalidades y dígame qué es lo que realmente quiere.

El Duque suspiró y se acercó un poco más a la Duquesa.

-Tiene razón -admitió-. No voy a negarle que mi posición actual es resultado de su auto exilio. Pero también le aseguro que mi ascenso no fue por ambición personal, sino por lealtad al reino.

¿Lealtad al reino? -La Duquesa soltó una risita sarcástica-. ¿O lealtad a la Reina?

El Duque guardó silencio por un instante, evaluando sus palabras.

-Mi lealtad es al trono, Duquesa -respondió finalmente-. Y en este momento, el trono está en peligro.

- ¿Peligro? -La Duquesa arqueó una ceja-. ¿A qué se refiere?

-El Rey Davio ha regresado -dijo el Duque con un tono grave-. Y no creo que sus intenciones sean tan nobles como aparentan.

LA DUQUESADonde viven las historias. Descúbrelo ahora