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- ¿Cómo están mis niñas? – pregunte, sonriendo. Sin embargo, su sonrisa no llegaba a sus ojos, que seguían reflejando la preocupación que la había acompañado durante toda la tarde.

La Sr. Iris, con una reverencia, se acercó a la duquesa. - Señora, ya he traído los vestidos. Espero que les gusten.

La duquesa se acercó a Eli, observándola con una mirada duda.

- ¿No habías escogido tu vestido en otro lado? - preguntó con una voz tranquila pero firme.

Eli se sonrojó, sus ojos bajando las puntas de sus zapatos.

- Sí, mama. Pero estos son los vestidos de Emma. Son bonitos. - dijo Eli, señalando uno de los vestidos de color violeta, con encaje blanco y bordados en la parte de adelante con hilos de oro. Las mangas también llevaban bordados en la parte frontal, con perlas que brillaban con suave luz.

Asentí, con una sonrisa. -Es hermoso.

- Emma, ¿a ti qué te pareció? ¿No está bonito? -preguntó, tratando de mantener una expresión amable.

- Está hermoso, mama. Me gustó mucho. -respondió con una gran sonrisa.

Voltea a ver a la Sr. Iris. - Emma dale las gracias a la Sr. Iris.

- Gracias, Sr. Iris. - dijo Emma, con un leve sonrojo en sus mejillas.

- Si eso es todo, Max, acompaña a la Sr. Iris a la salida. -con un tono de voz que no admitía discusión.

Max se acercó a la Sr. Iris y la acompañó a la salida.

Me quedo viendo a mis hijas un rato. Emma, con su alegría natural, se estaba probando el vestido violeta, girando con gracia y dejándose llevar por la ilusión del baile. Eli, en cambio, se mantenía en un segundo plano, observando a su hermana con un tono de resignación.

En eso a acercó a Eli y le tomó la mano. - Eli, ¿por qué no te pruebas algún vestido? - preguntó con suavidad.

Eli se sonrojó nuevamente. - No quiero que los vestidos me roben a atención a Emma. - dijo.

Y a parte en la mañana llegaron mis vestidos junto con mis collares que pedí. Serán una sorpresa para mañana. - con una sonrisa discreta.

Me retiré de la sala familiar, sintiendo el peso de la conversación anterior que tuve con Max, sobre los desvíos de fondos y quien estaría de nuestro lado en esto de que se avecina me dirigí lentamente al jardín. De repente, escuché pasos suaves detrás de mí.

—¿Qué pasa, Eli? —pregunté sin voltear.

Ella apareció justo a mi lado, su rostro preocupado y sus ojos llenos de dudas.

—Quería saber qué tienes, mamá. Te veo molesta —con voz tímida.

Suspiré, tratando de no mostrar la agitación que me invadía.

—No es nada, cariño. Vuelve con tu hermana y ayúdala con sus vestidos—respondí, intentando sonar tranquila—. Y si ves a Max, dile que tomaré mi té en el jardín.

LA DUQUESADonde viven las historias. Descúbrelo ahora