Elizabeth.
Se quedó parada en medio del pasillo, observando mientras me alejaba. Entonces, algo llamó su atención: notó que llevaba unos guantes más largos de lo habitual, y que ahora no había dejado su bastón en la habitación ni en el estudio, sino que lo llevaba consigo.
No quiso darle demasiada importancia, pero un extraño sentimiento le apretó el pecho. Sabía, sin saber exactamente cómo, que algo no estaba bien.
volví a dirigirme a la sala familiar y al entrar me encuentro a Henrry sentado sosteniendo una copa de vino, mientras Emma examinaba cuidadosamente las joyas que le había regalado Henrry.
- ¿No es muy temprano para tomar hermano? - con una leve sonrisa.
-Nunca lo es hermanita no quieres – respondiendo con picardía –¿No quieres un poco?
Y en ese instante apareció una como en su mano que me ofreció y me la ofreció con indulgencia.
-No sé, ¿te parece raro que mamá use guantes más largos y que ahora no deje el bastón en ningún lado? -preguntó Elizabeth, con la voz cargada de inquietud.
Henry frunció el ceño, pensativo.
- ¿Raro? Eli, llevas aquí solo cuatro días. ¿De verdad te parece extraño que mamá use bastón? Y los guantes... siempre los ha usado. Lo que sí me parece raro -dijo señalando a Emma, que seguía distraída con sus joyas-, es que nadie haya mencionado nada sobre lo que está pasando. ¿No te parece preocupante?
Elizabeth sintió cómo el aire parecía volverse más denso.
-Sí... es raro -admitió bajando la mirada-. Algo no encaja, Henrry. Y no sé si solo es miedo o que alguien nos está ocultando algo.
La preocupación empezó a dibujarse en sus rostros, mientras el silencio llenaba la habitación con una tensión que ninguno quería enfrentar.
Max
Saliendo al jardín, dejó la bandeja enfrente de mi con el té y la medicina.
-Aquí está su té y su medicina -dijo con voz preocupada-. Sé que quizás no debería preguntar, pero ¿cuándo les va a contar sobre su enfermedad?
La miré calmadamente, sin dejar de revisar mi brazo.
-Ahora no es el momento, Max -respondí con tranquilidad-. Lo he podido controlar hasta ahora, y si llega a ser necesario, todavía hay medicina, ¿verdad? -le pregunté, volteando a mirarla.
Max sonrió levemente, con un brillo de esperanza en sus ojos.
-Además, todos están aquí juntos ahora, conviviendo, algo que no sucedía desde el último brote... ¿no lo crees? -comentó, con una sonrisa a medio lado.
Asentí con serenidad.
-Sí, señora -respondí con voz tranquila, mientras tomaba la taza de té.
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LA DUQUESA
Fantasy"La pluma de la escritora danzaba febrilmente sobre el pergamino, dejando tras de sí una serpiente de tinta que tejía los secretos y venenosos rumores de la corte. La duquesa, cuya belleza era leyenda y elegancia, un arma, había vuelto a caer presa...
