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Era curiosa la forma en la que el destino solía unir los caminos de las personas en una sola línea de tiempo que a la larga se dividía en otras más, donde cada uno de ellos se volvía el protagonista de sus propias victorias o tragedias. En el momento en que puso un pie dentro de la habitación en la que se llevaría a cabo la reunión con el resto de los pilares, sabía que esta sería una derrota o más bien una causa perdida; incluso se atrevía a pensar que sería su ejecución lo que se llevaría a cabo si las miradas de Shinazugawua, Iguro y Kocho eran algo a tomar en cuenta.

¿Qué rayos hice o no hice ahora?

Por otro lado, Kanroji se veía bastante feliz de su llegada (aunque ella siempre encontraba algo para mantenerse feliz); Tokito no les dirigió ni una mirada y solo Himejima reconoció su llegada con un sutil asentimiento de cabeza. Él, por su parte, prefirió no alejarse del lado del pilar de la flama; tenía el extraño presentimiento de que, si lo hacía, sería asesinado y esa no era la forma en la que iba a morir, muchas gracias. Prefería que su muerte fuera más llamativa y menos patética, como lo sería si muriera a manos de sus supuestos compañeros de armas.

Tomo asiento al lado de Kyojuro, dispuesto a ignorar a los demás, deseando que se concentraran más en la obvia ausencia del Pilar del Sonido antes de que dirigieran alguna palabra o pregunta incómoda a su persona. De pronto los pliegues deshilados de su haori le parecieron tan interesantes que comenzó a contar cada uno de ellos, tanto los que estaban en sus mangas como los que estaban en el dobladillo. Contar siempre fue una buena forma en la que lograba calmar su ansiedad y nerviosismo.

Los números siempre eran exactos, nunca le mentían y no lo lastimaban. Las personas eran un caso diferente.

En el momento en que entró Amane-dono, cualquier intento de interrogatorio a su persona se esfumó (si es que hubo alguno) y, de forma casi automática, su mente se desconectó de cualquier preocupación, entrando en piloto automático, segmentando y priorizando la información de diferentes formas. La revelación del crítico estado de Tanjiro, Nezuko, los mocosos y Uzui fue una bomba demasiado grande (y una preocupación extra) como para digerirlo en el momento; pero el verdadero infierno se desató cuando Amane-dono mencionó la emboscada que ellos sufrieron.

Era ese tipo de infierno en el que todos estaban preocupados por una sola persona, en este caso Kyojuro (y con justa razón), y a él lo mandaban a parir chayotes al monte como si no hubiera sido afectado o atacado de la misma forma que al pilar de la flama, pero entendía que ellos siempre trataban de buscar un culpable para todo; lo que no entendía es por qué siempre el nombre de "Tomioka Giyuu" era el causante del problema.

— Su arrogancia por fin puso a más de uno en peligro —Mordió la cara interna de su mejilla al escuchar a Shinazugawa-. Primero al patrón y a su familia, ahora a Rengoku. ¿Quién sigue, Tomioka, toda la sede de cazadores quizás?

— ¿No tienes nada que decir, Tomioka-san? Mínimo trata de defenderte un poco.

— Ya decía yo que toda esa mierda de "Vayamos por la cabeza de Kibtsuji" era solo de dientes para afuera.

— ¿Qué esperábamos? Es Tomioka de quien estamos hablando; a ese maldito arrogante no le importa nadie más que sí mismo.

— ¡Iguro-san, Shinazugawa-san, no deberían de decir esas cosas tan crueles de Tomioka-san!

Aprovechando que las mangas de su haori escondían sus manos, las apretó con fuerza, sintiendo cómo sus uñas se clavaban en la callosa piel de sus palmas, causándole un cosquilleo doloroso que contrastaba con el ardor que sentía en su pecho. Cada latido de su corazón resonaba en sus oídos como un tambor marcial, ensordecedor y amenazante. Era gracioso cómo todo esto parecía ser una mala imitación del día en que escapó de la casa de los Steward; solo faltaba que alguien dijera una cosa más y quizás esta vez no correría... No, no, no, no...

De proie à chasseurHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora