Capítulo 7

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VILLALOBO

SOFÍA

Llevo dos putos días encerrada en una casa de la cual desconozco.

Para decir verdad, no estoy tan mal. Tengo comida de sobra, la casa es más pequeña y da menos miedo que la anterior en la que me secuestraron, pero es mucho más lujosa que la mía, eso sí.

Sin embargo, hay un único problema.

Que estoy secuestrada.

Además, mi secuestrador no es una persona normal. De hecho, ni siquiera creo que sea una persona. Es él maldito Cieri Lunaris. Y para colmo, cree que soy su banco humano de sangre. Que por cierto, todavía sigo sin saber para que la quiere, no sé, tal vez mi sangre le pone.

De por sí ya es difícil de soportar pero afortunadamente suele irse y dejarme sola todo el día.

Ah, mira. Ya está aquí.

—Buenos días, ¿has desayunado?

—Deja de fingir, si me quieres matar no seas amable conmigo y hazlo de una vez.

Él me mira y frunce el ceño. Es demasiado odioso, me trata como si yo fuera su novia y fuéramos un matrimonio feliz.

Aunque, él mismo sabe que si yo pudiera ser pareja de alguien, definitivamente sería de Bruno. Me ha costado poco superar al estupido de mi ex, con Bruno todo es más diferente desde que lo conocí.

Y es que no es que él sea precisamente guapo. Tiene el pelo corto castaño, la cara y la nariz fina, ojos pequeños, es alto, delgado y con los labios mordisqueados y secos.

Simplemente todo de él me apasiona, es atractivo, educado y perfecto.

Cieri Lunaris, bueno su personalidad es todo lo contrario, de físico no se parece en nada a Bruno. Si me dijeran que son la misma persona seguramente me reiría. Afortunadamente para mí no son la misma persona y menos mal.

—¡Tachan! —dice sonriente—. Toma, este es tu desayuno.

¿Me acaba de preparar el desayuno y él está todo feliz? Cada día me sorprende más.

Me ha preparado huevos revueltos con bacon y tortillas con chocolate. Tienen una pinta buenísima pero obviamente no le voy a subir la autoestima.

—Para eso mejor me lo hubiera preparado yo, no lo quiero.

—Joder, Sofi. —Me da una mirada triste que hasta me siento mal por él y olvido que es un ser malvado de 170 años—. Pues no te lo comas.

—No lo haré.

—Genial, me voy.

—Y no vuelvas.

—No puedo confiar todavía en ti, veo que tú no confías lo suficiente en mí

—¿Me estás pidiendo que confiemos el uno con el otro? Ni de chiste, gilipollas. Además, ¿por qué debería? Tú me has secuestrado.

—No tengo razones por las cuales mentirte, ya te he dicho que no es un secuestro. Son unas vacaciones hasta que te portes bien. Tú pregunta y yo te respondo.

Efímero (Los cuatro reinos) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora