Capítulo 1

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Cada día era igual. El mismo sentimiento de soledad y culpa oprimían su pecho hasta agotarlo completamente. Nanami Kento solía hacer de oficinista en Tokio, iba a trabajar todos los días a la misma hora, cumplía cabalmente sus obligaciones y volvía a su casa siempre a la misma hora. Detestaba hacer horas extras, aunque eran ellas quienes lograban mantenerlo distraído y alejado más tiempo de aquel lugar al que no podía llamar "hogar".

Venido a éste mundo, en una familia pequeña, normal, no tenía hermanos y sus padres habían fallecido ya hace un par de años, uno alcanzado por los males de la vejez y la otra arrancada de este mundo, por las garras de la depresión.

Aun así, y sabiendo que él padecía la misma enfermedad que su madre, depresión, Kento se negaba a sucumbir ante las ideas más feroces y terribles que lo atormentaban continuamente. Pues el dejar este mundo por su propia mano, era algo que no quería hacer ya que lo consideraba una cobardía total y una deshonra a la memoria de aquella persona a quien tanto amó y a quien no pudo proteger. Ese que, a pesar de estar en desventaja, se enfrentó a una maldición de primer grado y luchó hasta morir. Siempre valiente, siempre optimista, siempre tan ingenuo. Haibara.

Se conocieron en el Colegio Técnico de Magia Metropolitana de Tokio, ambos eran estudiantes de primer año. Haibara venía de una familia de no hechiceros, donde salvo él y su hermana menor podían ver a las maldiciones que se escabullían por los callejones oscuros, tentando a algunos niños incautos que caían presas de estos y encontraban un final trágico. El siempre sonriente Haibara, logró convencer a su hermana de ir por el camino de la hechicería, así ella era como los otros pocos que servían de ventana; aquellos que pueden ver maldiciones, pero que no tienen ninguna técnica maldita o mucho menos saben algo más allá del mundo de la hechicería.

Ambos jóvenes compartían tiempo a diario en sus clases; Haibara entusiasta como siempre, admiraba a su superior Gojo Satoru, y más allá de la admiración llegó a desarrollar un ligero crush. Quería ser notado, quería ayudar a todos y sobre todo, creía que se podía confiar en los demás y en uno mismo principalmente, porque las capacidades físicas y mentales, no definen a la persona como tal, sino la entereza y convicciones que uno tenga.

Dentro del mundo de la hechicería existían métodos eficaces para controlar y manejar adecuada y saludablemente, todo aquello que tenía que ver con el género secundario, pero era bien sabido que la mayoría de los hechiceros en ejercicio de sus funciones, eran Alfas. Como en la sociedad no hechicera, salvo que aquí los Omegas tenían un mejor trato. Los Omegas dominantes eran escasos, pero se decía, que eran seres con increíbles habilidades, eran considerados casi Alfas, para los hechiceros, pues estaban al mismo nivel que cualquier otro hechicero dentro del campo.

Kento era Alfa, y se había enamorado de Haibara. Era un secreto, que solo su superior Geto Suguru sabía.

La calidez y amabilidad que irradiaba Haibara, contrastaba con el semblante siempre sombrío y serio de Kento. Eran bastante diferentes, sin embargo, Kento alentaba muchas de las cosas que hacían feliz a Haibara. Para él, Haibara era la luz radiante que iluminaba su senda. Al haber crecido sin hermanos, Kento estaba acostumbrado a andar en solitario, cosa que cambió con Haibara y, con el tiempo de convivencia que tuvieron, se podía notar el cambio en su persona. Si bien mantenía su apariencia seria y serena durante sus misiones, fuera de ellas se le podía ver sonriendo en algunas ocasiones, entrenando concentrado pero no con la expresión muerta que solía tener. A menudo organizaban tardes de películas o juegos de cartas, en sus dormitorios; ya que los padres de Kento viajaban constantemente y no se encontraban en casa los fines de semana, y Haibara por algún motivo prefería no regresar a casa y quedarse acompañando a Kento, en los días que los padres de este último habían viajado.

Kento sabía del pequeño crush que tenía su amigo por su superior Satoru, y veía que siempre que Haibara tenía una oportunidad de poder lucir ante Satoru, lo intentaba. Era un sujeto bastante perseverante, sin embargo, Satoru solo tenía ojos para Suguru, y despreocupado como siempre, ignoraba cualquier intento de acercamiento que hacía Haibara.

El Estoico y El LealDonde viven las historias. Descúbrelo ahora