Capítulo 16 - El Reencuentro

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— Como te decía en la llamada, hace dos meses que no sé nada de Fina. He intentado mandarle mensajes, pero no le llegan, y también la he estado llamando, pero siempre salta el dichoso mensajito de que el teléfono está apagado o fuera de cobertura —Carmen pone cara de preocupación — He intentado mantener la calma durante estos días, pero ha llegado un punto en el que no puedo estar sin saber cómo está...

Marta no lo había dudado ni un solo segundo y en cuanto Carmen la llamo y le contó por encima la situación, no tardó nada en coger el coche y presentarse en ese piso que hacía ya tres meses que no pisaba. En esos momentos no pensaba en cómo le iba a sentar volver a estar entre esas cuatro paredes que fueron testigo de su dolorosa ruptura, de cómo el amor de su vida la dejaba derrotada y rota mientras ella se iba para no volver.

Ahora mismo ya nada importaba, la poca información que le había podido dar Carmen, ya la había alarmado, y la preocupación por Fina había ganado la batalla sin ninguna duda. Le podía más el inquietarse por no saber dónde o como estaba al simple hecho de sentir ese dolor en el pecho que no había desaparecido desde que escuchara ese golpe de puerta mientras veía desaparecer su imagen como si se tratara de un simple espejismo.

—Pero, si llevas así dos meses, ¿Por qué no me has dicho nada hasta ahora? —Pregunta Marta queriendo saber los motivos de que Carmen haya estado pasándolo tan mal sola.

—No estaba segura de si querrías o estarías preparada para escuchar hablar de Fina, me ha costado mucho descolgar el teléfono y llamarte, no te lo voy a negar.

—Pues tendrías que haberlo hecho antes, Carmen. No quiero ni imaginar cómo lo debes de haber pasado con la incertidumbre de no saber qué está pasando —Se levanta para poder acercarse a Carmen y abrazarla para darle apoyo, y para que mentir, para recibirlo ella también

—Bueno, al menos ya lo he hecho. Espero que esto no suponga un compromiso, he recurrido a ti, porque he pensado que eras la única persona en el mundo a la que le importa Fina incluso más que su propia vida. Aunque igual con el paso del tiempo eso ha cambiado...

—No, pase el tiempo que pase, Fina siempre será lo más importante en mi vida, así que has hecho muy bien en llamarme. No es para nada un compromiso para mí y estoy deseosa de que me pongas al día y podamos hacer algo para dar con ella.

—¿Entonces sigues enamorada de ella?

—¿Lo dudabas?

—Bueno, es que se comentan ciertas cosas que pueden darte a entender que has rehecho tu vida, y es totalmente lícito, no lo digo por eso —Carmen se muestra comprensiva ante el mensaje que está queriendo transmitirle a Marta.

—¿Qué cosas se comentan? —Pregunta expectante Marta.

—Se dice que estás liada con tu Community Manager, una tal Isabel. Os han hecho fotos, y la verdad es que en esas fotos se ve bastante complicidad.

Lo había intentado de todas las formas posibles, pero no lo había conseguido. Fina había entrado en su vida, su mente y, sobre todo, en su corazón, para siempre. Era imposible echarla, su recuerdo perduraba en el tiempo y parecía algo así como inmortal. Había intentado incluso empezar algo con otra persona, pero había sido incapaz de ir más allá de unos besos aceptando que no podría sentir por nadie lo que había llegado a sentir por la morena. A veces se sorprendía pensando en que ya no podía quererla más, pero al día siguiente se daba cuenta de que sí que era posible, que cada día la deseaba incluso más que el día anterior si eso era posible.

Cómo no iba a seguir enamorada de ella, si nunca se había sentido así con nadie. Solo con pensar en ella, ya se le aceleraba el corazón. Al recibir algún mensaje, se ponía nerviosa y para poder contestarle algo decente, debía escribir y borrar el mensaje en más de una ocasión, tanto es así, que perdía la cuenta de cuántas veces lo hacía. El simple roce de cualquier rincón de su piel que se pusiera en contacto con ella, provocaba que un escalofrío le recorriera de pies a cabeza y que una sonrisa genuina saliera de sus labios sin poder casi ni percatarse de dicho gesto. Su voz le hacía viajar a lugares inimaginables e incluso como si de alguien sinestésico se tratara, sentía ese sonido como si una pluma le acariciara. El contacto de su cuerpo con el suyo en esos abrazos que le devolvían toda la energía perdida durante el día, probablemente era lo que más echaba en falta. Claro que anhelaba fundirse con su cuerpo en un vaivén de espasmos, vibraciones y oscilaciones o de esos besos que la dejaban sin habla y casi sin respirar, pero para Marta sus abrazos eran lo más valioso y poderoso que tenían, desde el primero que se dieron, hasta el último.

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