Las calles de aquella ciudad ya no le parecían tan inmensas como antes, porque algo había cambiado. Caminar entre la gente, sabiendo que Fina estaba bien, la había dejado bastante tranquila. Ya le daba igual que la pudieran reconocer; solo le importaba llegar al piso, hablar con Carmen y solucionarlo todo para que la morena pudiera huir de aquella casa lo antes posible.
Se había imaginado el momento en infinidad de veces desde que comprara el billete de avión, pero nunca pensó que ocurriría así. Verla en las condiciones en las que estaba le rompió el alma. Nunca la había visto tan frágil, pero aun estando tan delicada, estaba preciosa. Sentir su cuerpo contra el suyo le había devuelto las ganas de seguir viviendo, había sido una bocanada de aire puro, todo lo que necesitaba para seguir soñando.
Percibir su miedo, su terror, solo le habían dado más ganas de llevársela de ahí y protegerla con su vida. Odiaba saber que lo había pasado tan mal por querer auxiliarla a ella, porque al final la peor parada, sin ninguna duda, había sido la morena. Su labio roto ya le daba la pista de la violencia a la que estaba sometida, pero entrever esos moratones en su brazo la habían destrozado por dentro. Aunque Fina no hubiera querido decirlo, supo que en ese abrazo dado había un ápice de suplicio por el dolor sentido; por eso, ella intentó en todo momento pedir permiso y hacerlo con todo el cuidado del mundo.
Ese contacto de sus labios con los suyos, por muy corto y escaso que fuera, provocó algo inexplicable en su interior, algo dentro de ella volvía a renacer; una parte que creía ya muerta empezaba a resucitar al tenerla a su lado. La quería, la había echado de menos y se negaba a volver a perderla. No podía fallarle, no ahora. Mientras caminaba pensando en su encuentro, no lo dudó y llamó a Carmen, avisándole de que la había visto y de que fuera directa al piso para hablar de la situación.
Sus pasos eran acelerados, pero no corría; su cabeza daba vueltas y vueltas a lo sucedido sin parar, y solo deseaba que todo saliera bien y volver a verla al día siguiente. Soñaba con volver a lo de antes. ¿Quién le iba a decir que echaría de menos esos momentos cuando, por aquel entonces, solo deseaba que Fina se decidiera a dejar a Esther? Había sido un viaje apasionado, doloroso, bonito, disfrutable, angustioso y mucho más, pero volvería a subirse a ese barco sabiendo todo lo que le depararía el navegar a su lado, si eso significaba que al final del trayecto ambas pudieran llegar a buen puerto.
No tardó mucho más en llegar al piso, y cuando entró, se la encontró. Carmen estaba poniendo la mesa mientras escuchaba música. Todo el piso olía delicioso, y a ella empezó a rugirle el estómago nada más empezar a oler la comida que estaba preparando la mejor amiga de Fina. Entró en la cocina y pudo ver lo que estaba preparando, ni más ni menos que unos buenos espaguetis a la boloñesa. Terminó de ayudar a poner la mesa y se sentaron a comer mientras compartían la última información que habían podido recopilar.
—Pues me la he encontrado en el Retiro —empezaba a explicarle mientras se ponía queso rallado en los espaguetis—. No te voy a mentir, la he visto muy débil, muy delgada, con mucho miedo, aterrada y con muchas heridas, tanto físicas como psicológicas, pero al menos, dentro de lo que cabe, está bien.
—Qué rabia me da la situación, de verdad. Es injusto que alguien tan buena como ella lo esté pasando tan mal, no se lo merece.
—Pues no, no se merece nada de lo que le está ocurriendo; por eso necesito que hables con Tasio para ver si podemos hacer algo y que Esther e Íñigo salgan de esa casa y ella pueda huir. Me niego a que siga entre esas cuatro paredes con esos dos —dice mientras enrolla unos espaguetis con el tenedor ayudada de una cuchara para después comérselos.
—Ten por seguro que cuando terminemos de comer lo llamo; seguro que algo encontramos. ¿Qué le has dicho exactamente?
—Le he dicho que, si ve la oportunidad de irse de la casa, que aproveche para hacer la maleta que, si sale de ahí, no pienso permitir que vuelva a entrar. También le he dicho de quedar mañana a las ocho de la mañana, justo en el banco del Retiro en el que nos hemos encontrado. Así que la esperaré una media hora por si llega, y si no viene, tengo plan B. Le he preguntado por la dirección del piso, así que ya sé la ubicación exacta.
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Ecos de una lista
Hayran KurguMarta de la Reina es una famosa cantante que cansada de la madrileña ciudad, decide volver al lugar que la vio nacer, Barcelona. En ella, nada más llegar, se presentará en una de las mejores discotecas del lugar y se encontrará con algo que nunca pe...
