Capítulo 18 - Afrontando la realidad (Parte 1)

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Hay cosas que, aunque no quieras que ocurran, pasan sin poder evitarlo. Acontecimientos que luchas por sortear de todas las formas posibles, pero aun así no logras evadir. Eso es lo que le estaba pasando a ella en esos mismos instantes y no podía evitar creer que estaba en una pesadilla, una cruel pesadilla. Su cuerpo no reaccionaba, sus mayores miedos se habían hecho presentes y era evidente que no estaba preparada para reaccionar ante ese estímulo. Todo había sucedido muy rápido; pensaba que todo estaba controlado y no había considerado la más remota idea de que todo se rompiera, de que todo lo planeado no sirviera.

No habían tenido tiempo de pensar en qué harían si todo dejara de tener sentido, de que aquello que habían calculado con tanta precisión pudiera tener una grieta donde pudiera quebrarse y rasgar esa realidad en la que se habían sumergido. Aunque se hubiera esforzado en no hacerse ilusiones diciéndoselo a sí misma, en el fondo creía que todo iba bien y que lo conseguirían. Nunca podría haberse imaginado que todo por lo que habían luchado terminaría de esa forma.

Ella, aun sin poder evitarlo, había entrado en su propia utopía. Creía estar en una realidad distinta, en la que todo había sido superado, donde ya nadie las podría perturbar de su paz y tranquilidad. Un lugar seguro, donde podían ser ellas mismas y darse todo el amor que no habían podido ofrecerse durante tanto tiempo. Todo parecía uno de esos cuentos donde todo termina bien, a pesar de todo el mal provocado, y ella creía estar en el cuento correcto, pero parecía que estaba en uno en el que el villano se salía con la suya.

Se culpaba por no haber considerado todas las opciones, tanto las buenas como las malas; lamentaba no haberlo podido evitar. Tenía claro que deberían haberse ido a Barcelona en cuanto ella pisó el piso, en cuanto pudo salir de ese infierno. Al menos habrían ganado tiempo. Ahora lo único que podía hacer era afligirse ante los nuevos hechos. Le dolía infinitamente lo vivido; nunca pensó que vería algo así en primera persona y sabía que nunca podría llegar a olvidarlo, aunque lo intentara. Pero lo que no podría olvidar seguro, y siempre perduraría en su memoria atormentándola eternamente, eran los gritos y súplicas que había tenido que escuchar mientras desaparecía de su vista.

Esos gritos pidiendo ayuda, suplicando, y ese grito agónico antes de que se cerrara la puerta haciéndola desaparecer y dejándola sola en aquel apartamento. En realidad, no estaba sola, aunque ella se sentía así. Su amiga tampoco había podido hacer nada para impedir que se la llevaran, y ambas estaban realmente desoladas. No existía consuelo para lo que acababa de ocurrir. No había sido capaz de protegerla como le prometió y se sentía el ser más inútil del planeta Tierra. Se atormentaba sin parar, sin dejar de considerar que había sido una cobarde por no haberse arriesgado a terminar peor de como ya lo había hecho.

Su mano instintivamente empezó a recorrer su propio rostro. Le dolía el simple hecho de rozar su piel y cuando separó la mano de su faz, el rojo se hizo presente. No sabía qué parte de él sangraba, pero después del golpe recibido, lo extraño es que nada se hubiera fracturado. Apoyó las manos en el suelo frío e intentó levantarse tras el empellón. Creyó no poder hacerlo; le dolían demasiado las extremidades y no pudo dejar de pensar que, aun así, estando en las peores circunstancias, seguía pudiendo haber hecho algo para impedir que se la hubieran llevado.

Le dolía demasiado la cabeza, y ya no sabía si era por el golpe o por todos los pensamientos que recorrían su mente a mil revoluciones por hora. Todo estaba perdido; ya no se le ocurría nada para poder solucionar lo ocurrido, y eso era lo que más le dolía. ¿Qué podían hacer ahora que sabían todo lo que estaban maquinando? Ahora ellos iban demasiados pasos por delante, y eso solo significaba que sería casi imposible poder hacer algo al respecto. Uno de sus mayores miedos era que todo aquello le afectara a ella y que, por culpa de eso que tan mal había salido, ella sufriera las consecuencias.

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