Capítulo 23 - Caos

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Los días siguientes fueron agobiantes para ambas. Fina vivía en un constante miedo a hacer el ridículo mientras Marta se pasaba los días inmersa entre partituras, letras y estructuración de lo que debían ser los mejores conciertos para dar comienzo a su nueva etapa como cantante. Tenía que tenerlo todo listo para antes del concierto de Barcelona, donde se lanzaría el primer single en directo, y donde anunciaría la fecha del próximo disco. La pequeña gira que habían empezado a planificar los Merino y ella, incluiría un repertorio de sus mejores canciones, ninguna en primicia hasta la salida de su dueto junto a Fina.

La planificación no estaba siendo fácil, y la ansiedad y nervios podían notarse en el ambiente. Marta llevaba días encerrada en el estudio mirando listas de canciones sin decidirse con las que mejor plasmaran los sentimientos y emociones que sentía en esos momentos. Quería explicar su historia hasta el momento escogiendo aquellas canciones que hubieran marcado puntos y aparte a lo largo de su carrera musical, pero no lograba encontrar las indicadas. Se daba cuenta entonces de que en el fondo gran parte de sus letras carecían de coherencia o emoción, y que efectivamente, había trabajado a las órdenes de su padre en vez de hacerlo a partir de sus propias vivencias.

Fina a veces se pasaba por la discográfica para trabajar conjuntamente con ella, cuando tenía hueco y no estaba liada en otras cosas. Ya habían compuesto una de las dos canciones, pero la segunda se les estaba complicando, eso sumado a la tensión que había entre ellas desde hacía unos días, dificultaba el proceso de composición, ya que no fluía la inspiración, y además no lograban ponerse de acuerdo en nada de lo que se les venía a la mente. La morena decidió ponerse con la instrumental que prometió para conseguir algo de intimidad, mientras Marta decidió solucionar sus problemas poniéndose más trabajo a sus espaldas.

Pasaban sus tardes separadas, una tocando el piano o la guitarra intentando encontrar la melodía perfecta para la letra que tenía frente a ella escrita en papel, mientras la otra pasaba las horas ideando puestas en escena dignas de una vuelta a los escenarios como la que tenía en mente. Fina llegaba a casa, y Marta seguía sin volver, y eso se repetía un día tras otro sin parar. Pasaron de verse todos los días para ensayar, componer o simplemente pasar tiempo juntas, a solo verse por las noches o ni eso, a veces solo dormían juntas y porque ya se habían acostumbrado a ello.

Fina se sentía excluida de todo y no podía evitar hallarse en algo que no había deseado. Ella no quería sentirse una intrusa en la vida profesional de Marta, pero esa era la sensación que llevaba padeciendo hacía unos días a tras y que intentaba quitar de su mente, pero sin ningún éxito. Lo había hablado con Patricia, y esta le había recomendado que se lo comentara a su novia, que la comunicación en una pareja era lo más importante, pero nunca encontraba el momento perfecto. Los días en que Marta llegaba pronto, comparándolos con los demás en los que llegaba extremadamente tarde, lo hacía cansada y nunca se paraba a hablar con ella de cómo les había ido el día, así que no era buena idea comentarle nada de lo que le estaba sucediendo en su interior. Echaba de menos esos momentos en los que ambas se contaban lo que había hecho a lo largo de la jornada, de sus risas, y sobre todo de esos momentos íntimos que compartían después, largas sesiones de besos, arrumacos y abrazos que terminaban con ellas haciendo el amor o durmiendo entrelazas.

La situación ya era insostenible, había llegado a un punto en el que cuando ella despertaba, Marta ya no estaba allí, y cuando ella cerraba los ojos, aún no había regresado del trabajo. Ya no la veía, ya no hablaban, y ella empezada a verse en algo que le recordaba en pequeña escala, evidentemente, a algo que no quería volver a tener en una relación. Ahora se planteaba si estaba preparada para tener un idilio con una cantante famosa, y si las épocas de mucho trabajo, iban a ser siempre así, la respuesta era un claro no. No estaba dispuesta a volver a ser el segundo plato, ya no. Ella quería que Marta encontrara espacio en su apretada agenda para pasar momentos junto a ella, no pedía tanto. Nunca se le ocurriría pedirle que dejara su carrera ni trabajo, pero tampoco estaba dispuesta a dejar de existir en su vida, una novia debe estar presente, y Marta esos días se había convertido en una ausente.

Ecos de una listaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora