Fanfic Chrischel
Rachel James desaparece debido a las palabras de Alex Morgan, donde le afirma que Christopher Morgan se casará con Gema Lancaster. No espera explicaciones ni justificaciones, simplemente desaparece... Sin saber que el verdadero plan...
No son ni las seis de la mañana y ya siento que Rachel quiere levantarse.
Afianzó el agarre en si cintura para impedirlo, haciendo que proteste.
—Mi amor... —solo la pegó más a mi—, oye... Tengo que levantarme.
Bufo, ella respira hondo antes de volver a intentarlo. Me da gracia que su fuerza no lo logré.
—Tengo que soportar no follarte ahorita, al menos déjame dormir en paz.
—Puedes seguir haciéndolo, pero déjame ir. Tengo que hacer el desayuno para más de veinte personas y...
—Pues pide algo a... —mi movil comienza a sonar. Mensaje tras mensaje. Noto que estás llevan llegando desde hace horas. Tomo la llamada de Ángela que es la primera que accede—, ¿Que paso?
Se escucha sofocada.
—¡Liberaron a Antoni! —el chillido es tan fuerte que hasta Rachel lo escucha. Se incorpora, poniéndose caso tan blanca como una hoja. Hago lo mismo—, iba a hacer el rondín cómo todas las noches y lo ví salir, no pude detenerlo. Había varios halcones ya esperándolo.
—¿Quien coño lo dejó...?
—Bratt y Gema. Pero a ellos ya los tengo en una celda. Logre herir a Antoni en la pierna y le dí de baja a tres halcones, pero ya no pude hacer más porque me dispararon a mi —maldita mierda—. Me grito algo. Va por Rachel.
Mi mujer parece que va a sufrir un paro cardíaco en cualquier segundo.
»Mencionó que está en México y que sus hombres ya habían dado con ella. Sea donde sea que esté, es mejor que parta para allá... ¡Pon anestesia, animal!, ¿Quien coño te dijo que una bala se saca sin anestesia?
—Bien, gracias, interroga a Gema y Bratt, saca toda la información que puedas y puedes torturarlos hasta que llegue.
Recibo una afirmativa y por fin me enfoco en Rachel, su respiración está fallando y aquí no tengo ni un maldito inhalador.
La pongo de pie y saco de la casa de campaña, obligandola a respirar bien, tomando bocanadas de aire y exhalando el mismo, hasta que su respiración se estabiliza.
—Tienes que calmarte.
—Sabe que estoy aquí. Me tiene vigilada... ¿Y si vio a los niños?, Va a... No —odio la expresión aterrada en su rostro.
—No va a tocarte ni a ti, ni a mis hijos. Pero tienes que irte de aquí.
Niega.
—Si me tienen vigilada... No tiene caso. No... Viene para acá y los niños... Joder... —cierra los ojos.
—Voy a mandar a los niños a otro lado, ¿Bien?
Asiente lentamente, sus ojos derrochan pánico y solo se que ese hijo de puta ya vivió mucho.
—Y tu vas a...
—Quedarme aquí. Si viene para aquí, entonces no sabe que tu estás aquí, no se arriesgaría tanto... Podrías...
—Tenderle una trampa —asiente—, ¿Y tú terminas siendo la carnada?, Ni de coña.
—Tiene que regresar a esa celda... —murmura, quedándose pensativa—, o probar algo de su propia medicina, no me tocará, lo prometo... Tu estarás aquí y si quieres, parte de La Élite, es imposible que salga invicto.
Tenso la mandíbula, soltando un bufido. Maldita mujer terca.
—Ten por seguro que habrá consecuencias —advierto, viendo que todos empiezan a salir de sus casas de campaña con la mirada de preocupación plasmada en sus rostros.
—Liberaron a Antoni —habla Patrick.
Veo desde la distancia a Alex salir de la casa. Ellos se quedaron adentro.
—Los niños se van a...
—Tengo una propiedad al otro lado de la ciudad, también tiene seguridad —murmura.
Asiento.
—Igual la revisaremos antes de mandarlos allá —es su turno de asentir—, Regina, Alex, Sarah y Reece se van con los niños. Al igual que tu amiga. También vas tu, Lincorp, Banner y Miller. Se quedan Franco, Parker, Linguini y Johanson.
Ninguno protesta.
Comenzamos a armar el plan en lo que Rachel se va a otro lado, supongo que a pedir desayuno, porque las ganas de cocinar se le fueron y eso es obvio. Sigue pálida, parece que va a vomitar en cualquier momento y se desestabiliza varias veces.
Considerando el tiempo de vuelo, Antoni llegara aproximadamente pasando el medio día, así que tenemos ventaja.
—Parker, en el aeropuerto está mi jet. Tengo armas ahí, irás por ellas —asiente. Le entrego las llaves.
Cuando dan casi las nueve, todos comienzan a levantarse y despertar. Rachel los llama, acomodo una mesa fuera, y ahí es donde toman el desayuno.
Nos trae a nosotros también, aunque yo no quiero nada. Y se lo hago saber, pero ella aún así deja el plato. Niego, centrándome en lo importante.
Ella regresa después de despedir a las mujeres con sus hijos.
—No sabemos si Antoni tiene a gente vigilando aquí y tampoco podemos arriesgarnos a qué te sigan dónde están los niños o sospechen de alguna camioneta... A no ser que tengas alguna con todos los vidrios polarizados.
Hace una mueca.
—Si, tengo, pero no la uso hace un tiempo, así que no sé que en que estado este...
Solucionamos ese problema en poco tiempo y después de eso, a pesar de que Milenka se pone a llorar, los asignados se van a la dichosa casa de seguridad.
Rachel comienza a recoger todo y en cierto punto tenemos que unirnos a ayudar porque tampoco queremos que se vea la presencia de niños en el lugar. Cuando el jardín queda despejado, ella desactiva el tejado de acrílico que deja caer el torrencial aguacero en el césped seco.
—¿Que ibas a hacer hoy? —inquiero.
—Arreglar toda la casa para la decoración de la... Hay que quitar las fotos —asiento—, pero siguen estando las habitaciones de los niños... Eso no lo podemos ocultar...
—Cierralas con llave.
Asiente, nos ponemos a recoger la variedad de fotografías que tiene por toda la casa. La mayoría de los mellizos. En alguna que otra, ella con ellos.
Y hay una de ella.
Guardamos los cuadros en el sótano con mucho cuidado.
En cierto momento, Parker regresa con el cajón de armas que tenía en el jet.
Cada quien coje un par. Rachel a cada minuto va pareciendo más ansiosa, cómo si se fuera a desamayar en cualquier momento y cuando la veo casi caerse, de no ser porque se alcanza a sujetar de la barra de desayuno, mando a todos afuera.
La siento en un taburete y sostengo su rostro entre mis manos.
—Vete de aquí —niega—, Rachel, parece que en cualquier momento te vas a desmayar, y eso solo va a ser desventaja...
—Estoy bien, solo un poco mareada, ¿Si?, No he comido nada y todo esto no ayuda... Pero estoy bien.
Suelto un bufido... Maldita mujer terca.
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