Capitulo 10.

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Rachel.

Me colocó el pijama de satín y cojo la bata que me coloco sobre el mismo. Los chupetones en mi cuello y pecho se ven, mucho.

Pero ya no hay nada que pueda hacer aquí.

Christopher anda con su maldita sonrisita de petulancia que me da ganas de borrar con una jodida bofetada. Pero no lo voy a golpear, eso está claro.

El se queda revisando pendientes desde aquí y yo aprovecho para desaparecer.

Mis amigos están despertando, o eso creo. Aún no salen de las habitaciones y no molesto, porque seguramente siguen cansados. Bajo a la cocina, dónde ya todo está listo, ya solo espera para ser transportado afuera.

Hay también alguna que otra golosina, también hay botanas para que vean la película, pero también hay frutas picadas.

Melanie está ahí, dijo que había hecho mucho chocolate para los niños, porque darles soda no era opción. También hizo agua de frutas.

Mi amiga me sonríe y...

—Por Jesús, María y José, ¿Tantas marcas? —habla mientras se persigna.

—Yo dije que se había pasado, ¿Si?, Pero este es el pijama que más me cubre —protesto.

—Podemos intentar eliminar algunas para que no se vea tan... Así, ¿Quieres? —asiento lentamente.

Que se vaya al diablo con sus jodidos delirios posesivos.

—Va a doler —añade.

Pero se ve horrible, así que accedo.

Frunzo el ceño cuando saca un globo para batir.

—¿Para que...?

—Tienes que girarlo sobre las marcas, se pondrá rojo, pero se quitan...

Entrecierro los ojos.

—¿Cómo sabes tu eso? —tomo el utensilio.

—Cosas de la vida —sonríe ampliamente.

Suspiro. Me pongo de pie para ir al baño que hay cerca y me coloco frente al espejo. Comienzo a hacer lo que me dijo. Y si, duele. Pero sorprendentemente van reduciendo hasta ser mínimas.

Tardo quizá unos quince minutos ahí dentro, ya no se ve tan grotesco.

Regreso y pongo el utensilio en el fregadero, me arde, pero creo que prefiero que lo haga a qué me vea más marcada que otra cosa.

Mi amiga me da un paño con hielos y lo coloco sobre mi piel, reduce el ardor al instante.

Después de unos minutos, me lo quito y seco mi pecho con una servilleta de papel.

—¿Que tan horrible se ve? —inquiero.

Ladea la cabeza.

—Ya no tanto como hace rato, en el cuello sigues teniendo, pero es normal, supongo —se encoge de hombros. Asiento.

Me voy a ver a mis hijos, los cuales ya están listos, los duche y les puse sus pijamas, mis sobrinos también recibieron una ducha, pero eso fue en las habitaciones que les asigne y supongo que con ayuda de sus padres. Regresaron con pijamas puestos.

Regresaron a el cuarto de juegos, estaban jugando con muñecas y figuras de acción, y cuando entro, es lo que encuentro.

Les sonrió y ellos me dicen que no haga ruido, ya que están tras un delincuente y tienes que escuchar bien para saber dónde se esconde.

Me río, negando y salgo, cerrando la puerta con cuidado.

Cuando me doy la vuelta, veo que mis amigos comienzan a salir. En seguida soy integrada en lo que comienzan a conversar.

𝙼𝚢 𝚋𝚘𝚢 𝚘𝚗𝚕𝚢 𝚋𝚛𝚎𝚊𝚔𝚜 𝚑𝚒𝚜 𝚏𝚊𝚟𝚘𝚛𝚒𝚝𝚎 𝚝𝚘𝚢𝚜Donde viven las historias. Descúbrelo ahora