Ultimo Capitulo.<3

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Rachel.

—Hola —saludo a mi amiga, ella me da un abrazo apretado.

Con tanto trabajo, casi no nos vemos y eso es triste, pero al menos nos podemos ver cuando tengo que venir a revisar las instalaciones.

—¿Ahora si me vas a decir que pasa y porque tu llamada repentina?

Suelto un suspiro.

—Ando algo... Mal. Bien, puede ser una infección estomacal o... —me corto cuando mi marido entra a el consultorio.

—Bien, pasa y siéntate ahí.

Ella señala una silla y tomo asiento, Christopher lo hace a mi lado, entrelazo mi mano con la suya, llevándola a mi regazo.

Se sienta frente a mi y comienza a redactar la receta médica.

—Dime los malestares que tienes.

Es que para mí creo que es un poco obvio, lo que no cuadra aquí, es que si tuve mi regla este mes... Y los síntomas de embarazo empiezan hasta después del mes, ¿No?

—Vómitos, mareos, desmayos y ascos...

—¿Desde cuándo te sientes así?

—Tres días.

—¿Cuando fue tu último periodo?

—Hace dos semanas, casi tres.

Frunce el ceño, sigue redactando.

—No tengo un diagnóstico muy seguro, puede ser una infección estomacal, si, pero lo que no termino por entender son los desmayos y ascos. Si no es la infección, puede ser anemia... Y si no es anemia, es un embarazo.

Cierro los ojos.

—Pero tuve mi...

—En algunas ocasiones, el periodo no se corta, no hasta después, voy a mandarte a hacer unos análisis de sangre, es lo que nos va a arrojar un diagnóstico más seguro.

Me niego a ver a mi marido, no quiero ver su reacción si es esto cierto o no... No es que hayamos planeado tener más hijos y el tema nunca surgió, porque estábamos bien con los mellizos.

—Tengo el anticonceptivo, Melanie... No me he retrasado en ninguna consulta para la inyección...

—Rachel, creo que todos somos consientes de que ningún método anticonceptivo en si es 100% eficaz, ni siquiera el preservativo. Hay pocas probabilidades de que llegue a fallar en algún momento pero siempre hay la mínima posibilidad.

Suspiro de nuevo.

—Ven, si mandamos los análisis ahora, probablemente estén listos en poco tiempo.

Asiento y suelto la mano de Christopher para ponerme de pie. Voy hasta la camilla donde me hace sentar y después quitarme la gabardina que traía puesta, coloca la liga en mi ante brazo, después de asegurarla, limpia el área de dónde extraerá la sangre con un algodón y alcohol. No me gusta que me saquen sangre, tiendo a marearme mucho después, pero supongo que tiene razón: es más rápido así.

Siento el piquete que me hace tensar, para después obligarme a relajarme. Me inquieta no escuchar a Christopher...

—Listo —anuncia, colocando el frío algodón en el área—. Sostén aquí —sostengo el algodón, ella se mueve por una bandita que me coloca y tira la bolita de algodón con alcohol —, voy a llevar esto a el laboratorio y haré que te traigan algún suero para que evitemos accidentes, ¿Bien?

—De acuerdo.

—Tengo que ir a supervisar otros pacientes, pero pueden esperar aquí o...

—Tengo muchos pendientes, Mel, apenas y pude hacer un espacio para venir...

—Aquí esperaremos —me corta Christopher con un tono mortalmente frío.

Mi amiga asiente y se retira. No me muevo mientras...

—Lo sospechabas, ¿Cierto?

Abro los ojos. No sé descifrar la mirada que trae.

—Puede que llegara a pensarlo... Pero lo descarté porque sigo teniendo mi periodo..., no debería de...

—¿Y porque no le lo dijiste?

Me coloco la gabardina cuando siento frío.

—Porque no tenía sentido, digo... En caso de que hubiera dejado de tener mi regla, lo hubiera hecho, pero como ves, no fue así. No le vi el caso a sembrar dudas improbables con tanto trabajo encima. Y ya lo dijo Melanie: Puede ser anemia...

—Claro, y el antojo del pollo frito a las cuatro de la mañana también es por la anemia —¿Cómo mierda lo sabe?

Si ni yo me acordaba.

—Como pollo frito como si fuera dieta diaria, Christopher, no tiene sentido.

—Para mi está más que claro, Rachel —se acerca más, elevando mi mentón—. Si se confirma, más te vale tener los cojones para tenerlo.

Hago una mueca.

—¿En serio tu si quieres otro hijo? —siento que se me acelera el corazón.

—Te dije que tenías que darme más, porque quería más —apunta con firmeza.

—Creí que te referías a otra cosa —se me colorean las mejillas.

Cosa que desata su sonrisa ladina.

—Sobre eso también, nena.

Frunzo los labios, el entiende mi mensaje y pronto tengo sus labios sobre los míos.

Esperamos en la oficina, el me tiene en su regazo, acariciando mi espalda desnuda, el vestido apenas medio cubre la misma. Pasan un largo rato, o al menos así lo siento, pero Melanie regresa con los estudios en la mano.

—Bien, señores Morgan, aquí están los estudios, puedo abrirlos yo o hacerlo ustedes.

—Hazlo tu —aferro la mano en la de Chris. La sujeta con firmeza.

Abre el sobre y saca el documento que Lee rápidamente en silencio, después lo baja y me da una sonrisa.

—Los análisis revelan lo que sabías, estás embarazada.

Se me llenan los ojos de lágrimas al instante, volteo a ver a mi marido, pero el me sujeta de la nuca, pegándome a sus labios, jadeo, respondiendo el beso ardiente que me da.

El momento bochornoso viene cuando Melanie se medio aclara la garganta.

—Habla con tu ginecóloga, Rach, pero igual, sabes las indicaciones que debes seguir, te daré la receta para que puedas adquirir los medicamentos desde ahorita.

Asiento, sintiéndome completamente feliz.

La redacta, dándomela y saliendo a darme un abrazo.

—Felicidades, Rach, igual, felicidades a usted, señor Morgan —mi marido asiente, indiferente, pero a mí no me engaña, si está feliz.

No lo espere ni lo planee, aunque si lo llegamos a poner sobre la mesa hace tiempo, así que también estoy feliz. Y seguro mis hijos también lo estarán.

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𝙼𝚢 𝚋𝚘𝚢 𝚘𝚗𝚕𝚢 𝚋𝚛𝚎𝚊𝚔𝚜 𝚑𝚒𝚜 𝚏𝚊𝚟𝚘𝚛𝚒𝚝𝚎 𝚝𝚘𝚢𝚜Donde viven las historias. Descúbrelo ahora