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Omnisciente.
Yitzel considero su semana, la más difícil que había tenido en la vida.
Después de la pelea con los chicos y la extensa platica que tuvo con su madre, donde aceptó completamente su posibilidad de regreso, se resignó a no hablar con nadie en ningún momento y encerrarse en su cuarto, hablando con sus amigos, haciendo tareas, tocando su guitarra o simplemente perdiendo el tiempo.
Claramente todos intentaban acercarme y entablar una charla con ella, pero su orgullo y rencor eran más grandes. Y pues claro, ¿Quién no reaccionaria así?
Nuevamente era fin de semana y estaba esperando a que Helen regresará de la oficina para hablar con ella, Frank había comentado que ese día saldría más temprano, por lo que tendrían todo el tiempo del mundo para hablar, porque él saldría a hacer unas cosas.
Cuando Yiyi escuchó el grito de llegada de Helen bajó rápidamente para que todo lo que tenia pensado decir, se soltará más fácil y no le doliera.
Helen estaba en la cocina sacando las cosas para hacer de comer y se sorprendió cuando la vio llegar tan apurada.
– Wow, tranquila cariño, ¿Qué sucede?
– Helen, yo... ¿Estás ocupada?
– Solo quería comenzar con la cena, pero dime, soy toda oídos – se retiró el mantel y señaló la pequeña isla donde ambas tomaron asiento – Por cierto, ¿Sabes donde están todos? Esperaba verlos aquí.
Yitzel sabía que debían estar en algún lugar planeado su próximo movimientos contra ellos, pero simplemente ya no le importaba, ella saldría de ahí en poco tiempo.
– Ni idea – contestó nerviosa – Helen yo... Quería darte las gracias por darme la bienvenida en tu hogar, antes y ahora, se que es un poco difícil para ti, de por si tienes que lidiar con todos los demás como para tener una boca extra que alimentar que no es nada tuyo, pero bueno yo se que quizás lo hacías porque Mick es mi hermano y bueno ya sabes...
– Pa, pa, pa, pa, pa – Helen la detuvo – Vas muy rápido cariño, no te estoy terminando de entender – tomó su mano y dejó un beso en ella – No necesitas agradecerme nada, eres como mi hija y sabes que si tus padres no te hubieran adoptado, Mick y tu estarían juntos, no te hubiéramos dejado ahí sola. Yiyi, yo soy quien debería agradecer, has conocido y sabido controlar más a mis hijos que yo, ¡Su madre! – sonrió – te debo muchísimo mi niña, y no se realmente como pagarte.
Yitzel sintió que era el momento de soltar la bomba.
– Helen me iré, regresaré con mis padres a Ámsterdam.
La sonrisa que tenia en su cara se fue, en sus ojos adornaban confusión y dolor.
– ¿Por...? ¿Por qué? ¿Acaso te han hecho algo? ¿Qué sucede amor? – ella la miró asustada.