XI

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Omnisciente

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Omnisciente

Ya era domingo por la mañana y todos se habían levantado, solo estaban los jóvenes, ya que sus padres habían salido desde temprano, la van que tenían rentada para ellos pasaría a las 9 en punto para llegar antes y que Kelly pudiera estar a tiempo.

Helen les había dejado el desayuno listo, cuando Yitzel bajo, ya que fue la última porque no quería ver como se peleaban por los horarios, se sorprendió al ver como estaban desayunando juntos, en la mesa y sin peleas, a cambio estaban platicando.

– Yiyi, mamá dejó tu proteína en el refrigerador – Phoebe señaló con una pequeña sonrisa.

Yitzel asistió y con una sonrisa diminuta agradeció.

– ¿Estás lista para el partido, pequeña Kelly? – le preguntó Jimi con ánimos.

Kelly levantó los hombros.

– No lo sé, son buenas en realidad, y hay una niña lastimada en mi equipo, no se si podremos ganar.

Aldo se levantó y se acercó a darle un pequeño abrazo

– Vas a ganar, eres muy buena – dijo el pequeño.

– Aldo tiene razón, y si no ganas, esta bien, nosotros estaremos orgullosos de ti – Dylan terminó.

Yitzel que estaba cortando fruta para comerla, solo los escuchaba, no creía que esos chicos eran los que se estaban peleando semanas atrás hasta por respirar.

Se sintió feliz y tranquila, de que, a pesar de que ella se iría, las cosas estarían bien, pensó que todos habían arreglado sus problemas y que serían una familia de verdad.

Que equivocada estaba.

Escuchó como el claxon de la van alertaba a todos.

En manada, literalmente, se levantaron y tomaron algunas cosas que tenían en la puerta y fueron saliendo, siendo William el último ya que él cerraría.

Los dos enamorados no habían hablado en un buen rato, aunque un para ser sincieros, Yiyi se había pregunta si ella había estado realmente enamorada de él o si solo había sido confusión por la atención que él le daba.

Y esa mañana tampoco fue la excepción, Yitzel salio con su licuado en mano y su celular en la otra, Will esperaba que por lo menos lo mirara, pero ella no lo hizo.

Cuando paso por su lado, soltó un suspiro pesado y sin querer respiró su perfume, ese perfume que ya estaba acostumbrado a oler y que le gustaba tanto.

Cerró la puerta con seguro y corrió a la van para que no se hiciera tarde.

Yitzel había tomado la costumbre de ir de copiloto, ya que no quería ir atrás con los demás.

El camino no fue muy largo, solo fueron 45 minutos en los que él chófer iba estresado porque no lo dejaban escuchar las noticias.

Él y Yiyi habían formado una buena amistad, pues la chica no sabía quedarse callada y él no tenía de otra mas que escucharla, aun que con el tiempo se acostumbró y solo quedaba aconsejarla.

𝐀𝐓 𝐓𝐇𝐄 𝐋𝐈𝐆𝐇𝐓𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄| ʷⁱˡˡⁱᵃᵐ ᵇᵉᵃʳᵈˢˡᵉʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora