XV

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Yitzel

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Yitzel. 

6 años después.

Caminaba entre la nieve, sintiendo el frío recorrer mis huesos. En realidad no sabia si temblaba por el frío o por la cafeína que había estado consumiendo últimamente, la universidad estaba acabando conmigo. Todo esto podía evitarlo teniendo un auto, pero si soy sincera, no me consideraba capaz de manejar. Podría ser buena en muchas cosas, pero el examen de conducir realmente no fue el punto mas fuerte que haya tenido. 

Mi departamento no quedaba muy lejos de la universidad, pero me encantaba disfrutar del clima, las personas, las caminatas y del ruido. Extrañaba el ruido en el que antes vivía. Pero Massachusetts también me ofrecía un poco de ese ruido al que estaba acostumbrada, quizás no 24/7, pero me hacía sentir menos sola.

Al llegar a mi departamento lo primero que hice fue encender las luces y quitarme las botas. Un maullido se escuchó debajo de mi, el Señor Botas pasaba entre mis piernas dándome la bienvenida. Mientras retiraba mi chaqueta, y todos los demás accesorios me di cuenta que en suelo había correo nuevo. Tomé a mi pequeño gato entre brazos mientras también recogía el correo.

– Hola bebe, ¿Extrañaste a mami? –dije mientras le daba un beso y dejaba el correo en la encimera. Lo deje en su pequeña cama y revise que no le faltara agua. Tomé uno de los sobres que tenia en una repisa cercana y lo serví en su plato. –Disfruta. – lo acaricie cuando se acercó a comer.

Regresé a la encimera y tomé una de las barras energéticas que de repente tenía regadas por la casa porque el Señor Botas movía todo.

Me senté en la sala, comenzando a ver recibos, volantes de comida o lugares, incluso empresas de turismo. Pero uno que más llamo mi atención fue un sobre amarillo que estaba ahí, pensé que era de mi hermano, a veces me mandaba algunas fotos que se había hecho con los chicos incluyendo un texto de como me extrañaban, o me mandaba copia de sus calificaciones para que viera que era "igual de inteligente que yo" y que él también vendría a Harvard.

Lo abrí con un poco de emoción, después de tanto tiempo, tendría algo por lo menos me haría reír aunque sea un poco.

El papel venía al revés y cuando lo voltee el aire en mis pulmones se esfumó y sentí como un nudo comenzaba a crecer en mi garganta. 

William Beardsley & Samantha Gray te invitan cordialmente a su boda...

Tardé un poco en regresar a la realidad. Mi mente se quedó perdida en el limbo, realmente no pensaba en nada, me quedé en blanco, pero el dolor en el pecho comenzó a hacerse más y más notorio. 

Me concentré en seguir respirando correctamente y tranquilizarme antes de que lágrimas involuntarias salieran de mi. 

No había sentimiento que pudiera expresar lo que sentía en ese momento, solo me concentré en la pregunta que estaba en mi cabeza ¿Iría? ¿Él me quería ahí? 

𝐀𝐓 𝐓𝐇𝐄 𝐋𝐈𝐆𝐇𝐓𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄| ʷⁱˡˡⁱᵃᵐ ᵇᵉᵃʳᵈˢˡᵉʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora