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Yitzel.
Sábado de descanso, bueno no tanto, había salido a correr con todos los chicos en la mañana, lo mas seguro es que ahora estarían dormidos de lo cansados que terminaron.
Yo iba en camino a casa de la señora Palmer junto con Johnny, el cual me había traído a petición de Frank, aún que por él tampoco había tanto inconveniente.
Había de admitir que me quedé un poco mas tranquila cuando Helen me dijo que tenía la libertad de salir, ya habían hablado con los chicos acerca de que no tardarían tanto porque mañana teníamos que hacer un par de compras temprano.
Ellos no tuvieron inconveniente y yo me quedé tranquila, pero eso no puede negar el dolor de panza que traía desde en la mañana, el cual solo me da cuando se que algo malo va a pasar.
Me despejé cuando baje de la ban y me despedí.
Abrí la puerta de la acera para caminar mas adentro, el jardín de la señora Palmer se veía vacío porque ya había estado transportando sus plantas a macetas para hacer mas fácil su traslado.
Toqué el timbre y no tardo mucho en salir.
– Que hermosa estas cariño – me sonrió.
Pasé como pude ya que casi todas las cosas ya estaban en la entrada, lo que se llevaría solo hoy el camión, no eran pocas cosas, de hecho, siento que solo quedarían un par de cosas que fácilmente podríamos llevar en el auto.
– Los de el camión de mudanza llegarán hasta mas tarde, mientras, ¿Crees que puedas ayudarme a guardar estos platos? – me señaló la vajilla de vidrio y sin problema asentí.
La tarde iba a ser un poco larga.
【…】
Ya eran pasadas de la 5 y estaban terminando de subir cosas al camión de la mudanza. Realmente comencé a pensar si eran demasiadas cosas porque aunque faltaban mas de la mitad y ya no había espacio.
– ¡Cuidado con eso! – Realmente no sabia que había en esa caja rectangular pero era muy precavida.
– ¡Ay! ¡No joven, esa no! – salió la señora Palmer volada.
El señor sin ningún problema le devolvió la caja al porche y solo un dijo un "lo siento".
– ¿La llevo a la sala? – le pregunté acercándome a tomarla.
– Oh, no cariño, es tuya – me dijo regresando adentro.
¿Mia?
Tome la caja notando un poco de ligereza y la seguí hasta la cocina.
– Ábrela – me dijo moviéndo las cosas de la barra para poder poner la caja.
Y así lo hice, subí la caja y con cuidado la abrí.