"YOU'RE PLAYING WITH FIRE, LITTLE ONE"

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El cazador sabía que le estaban buscando. Podía oler a los perros policía que se internaban en lo más profundo del bosque buscando su olor. Su padre a pesar de ser un cabrón le había enseñado bien. Escondió su rastro con facilidad, y se deslizó con la rapidez de una pantera y el sigilo de un zorro a través de los árboles. 

Atravesó el bosque hasta llegar a una zona espesa, donde los arbustos eran más densos. Se ocultó allí y esperó a que los perros fueran en la dirección contraria. Había clavado una flecha con su sangre en un árbol lejano, de manera que los animales cambiaran de rumbo y siguieran el señuelo en vez de a el.

Sintió la vibración de sus patas contra el suelo mientras corrían hacia donde había dejado la flecha. Los guardias de la prisión se apresuraron a seguir a los perros, momento en el que el cazador aprovechó para salir de su escondite. 

Alargó la mano hasta su arco. Colocó una flecha en la cuerda y se preparó para disparar a la mínima que oyera un ruido fuera de lo común. Gracias a su aumentado sentido del oído era escuchó el borboteo del agua en un río cercano. Caminó hasta allí atento a sus alrededores.

Si allí había un río, eso quería decir que cerca de el habría animales. No se sentía especialmente hambriento, pero debía cazar igualmente para tener algo que comer en los próximos días. Estaba huyendo, no se podía cometer ningún desliz. Cualquier error haría que descubrieran su posición, y no estaba dispuesta a volver a esa prisión.

Jamás le volverían a encerrar

Nunca más

Caminó durante diez largos minutos hasta que se abrió paso entre dos árboles. Frente a el estaba el río que había escuchado antes. Se acercó lentamente poniendo atención a sus alrededores. El rio se encontraba en un claro, un lugar abierto en el que le podrían atacar fácilmente. Sostuvo el arco entre sus manos, a la vez que se inclinaba y se bebía un largo trago de agua. 

Se echó un poco más por la cara, refrescándose también el pelo. Cuando terminó sacudió la cabeza para quitar el exceso de agua, como hacían los perros. 

Fue entonces cuando lo escuchó, un crujido de ramas tras su espalda. Se giró rápidamente con la flecha lista para ser disparada, pero se detuvo cuando la vio. 

Una mujer sujetaba una cesta de mimbre entre las manos. Le observó un momento con la curiosidad reflejada en sus ojos oscuros. No vio miedo en su expresión, solo respeto y algo más que no lograba identificar.

Seguramente se estaría preguntando quién era y que hacía en mitad del bosque en plena noche. Lentamente bajó el arma, aunque se mantuvo alerta por se acaso. No confiaba en nadie, aunque ese alguien fuera una chica con pinta de no haber roto un plato en toda su vida.

-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó el- ¿Quién eres?

-Me llamo Ilia, vivo aquí -respondió ella abrumada, sacudió la cabeza antes de señalar un lugar delante de ellos oculto tras los árboles- quiero decir, mi casa está allí -explicó- no está lejos -agregó- mira no sé quién eres ni qué te ha pasado, pero sea lo que sea puedo ayudarte 

-No necesito tu ayuda -argumentó el con seriedad- puedo cuidarme solo

-No me cabe duda de que así es -murmuró mirándolo con fijeza- aun así no te dejaré aquí solo en mitad del bosque -hizo un gesto con la cabeza- sígueme 

Ella comenzó a caminar, pero el no se movió. La observó unos segundos sin decir nada. Esta se giró hacia el de nuevo.

-No tardará en oscurecer del todo -dijo- y cuando eso pasa, los lobos salen a cazar -se encogió de hombros- a ti no te harían nada, pero a mi me devorarían a la primera de cambio. No me apetece morir hoy, la verdad

One Shots : Marvel (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora