"DOES THAT MAKE ME A BAD MAN?"

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Las luces de Navidad se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El frío del invierno hizo que te pusieras tu bufanda, guantas y gorro para salir de casa. A tu lado, Logan se abrochó los botones de su abrigo negro mientras te observaba mirarla todo con emoción, como si fueras una niña viviendo su primera Navidad. No pudo evitar que una sonrisa cariñosa se extendiera por sus labios.

Los resplandores coloridos de la decoración navideña se extendían sobre tu rostro, dándoles al tono marrón de tus ojos una apariencia aniñada y vivaz. Logan no sabría decir qué fue lo primero que le atrajo de ti. No fue tu manera de observarle cuando entró en la juguetería en la que trabajabas para comprar un peluche para Laura, ni tampoco la manera en la que la montura de tus gafas se deslizaba por el puente de tu nariz cada pocos segundos.

El se encontró queriendo recolocarlas en su lugar. Le picaban los dedos de la urgencia por alzar la mano, pero al final no lo hizo.

Logan se dijo a sí mismo que no volvería por allí, compraría los regalos de Laura en otra juguetería. Pero no puedo resistir la tentación de volver allí cada semana hasta que llegar Navidad. Al principio vuestras miradas se cruzaban mientras atendías a otros clientes, hasta que eso pasó a ser un roce descuidado de dedos cuando cogías el dinero de su compra, además de las suaves sonrisas que os dirigíais el uno al otro.

Después de eso todo era historia. Así que allí os encontrabais, en pleno Diciembre con las calles llenas de gente en mitad de un mercadillo navideño.

-¡Logan, vamos a ver ese! –dijiste tirando de su manga para que te siguiera-

Te adelantaste unos pasos y te plantaste en primera fila de uno de los puestos, para mirar unos cinturones, cuya hebilla era enorme. El observó cómo tu mirada se desplazaba desde el accesorio hasta el resto de cosas que había cuidadosamente colocadas sobre el mostrador.

Le sonreíste a la señora del puesto con amabilidad.

-Hasta luego –dijiste educadamente, ella te respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza-

Caminasteis un poco más después de eso. Te detuviste en la mayoría de los puestos que tenían bisutería (es decir, casi todos) hasta que te cansaste. Logan podía escuchar cómo tu sangre hacía su recorrido normal por tu cuerpo, sin llegar a las manos. Las sostuvo entre las de el sorprendiéndote un momento.

-¿Cómo es posible que aún teniendo los guantes tengas las manos heladas? –cuestionó manteniéndolas contra las suyas para que entraras en calor-

-Bueno, no todos tenemos la suerte de ser un calefactor andante –reíste al ver la preocupación que se instalaba en sus facciones- estaré bien solo necesito algo para entrar en calor

-Se me ocurren un par de ideas –susurró seductor, haciendo que se te escapase una risa nerviosa-

-No me cabe duda de que si –sonreíste- yo me refería a algo que se pueda hacer en la calle

-También se puede follar en la calle, princesa –murmuró picándote, disfrutando del sonrojo que había acudido a tus mejillas- te lo demostraré en cuánto encontremos un lugar apartado

-¡Logan! –chillaste sacudiendo la cabeza, roja de vergüenza- ¡No puedes decir esas cosas, hay niños presentes!

El se giró en derredor un momento, antes de volver a fijarse en ti

-Yo no veo ninguno –murmuró, tu chasqueaste la lengua con diversión-

-Dios mío, a veces eres tan...-balbuceaste tratando de encontrar la palabra correcta para definirlo-

-¿Irresistible? –bromeó acercándote a él para darte un tierno beso en los labios-

-Quería decir insufrible –sonreíste siguiéndole el juego, a la par que pasabas los brazos tras su cuello- pero eso también vale

-¿Ah sí? –cuestionó sonriéndote de la misma forma, robándote otro beso-

-Si –murmuraste entre beso y beso-

El mordió suavemente tu labio inferior haciendo que suspiraras contra su boca

-Logan... -dijiste, haciendo que se separara un momento-

-¿Qué pasa, princesa? –preguntó observándote con atención-

-Vámonos a casa –susurraste cerca de sus labios de nuevo-

A casa, que bien sonaba eso. El sonrió dejando un beso en la comisura de tus labios, antes de acercarse a tu oído para susurrar:

-Ya casi es Navidad –comenzó- y voy a desenvolver mi regalo antes de tiempo –susurró- ¿Eso me convierte en un hombre malo?

-Muy malo –afirmaste siguiéndole el juego- sin duda necesitas que alguien te dé una lección

-Maldita sea nena, ¿Es que quieres que le de un infarto a este pobre viejo? –se excusó dirigiéndote una mirada de reojo-

El tiró de tu mano mientras caminabais apresuradamente entre la gente para llegar a vuestro piso.

Sin duda esa iba a ser una noche interesante.

One Shots : Marvel (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora