"I HAD TO"

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El cazador observó el cadáver con el cráneo destrozado frente a el unos segundos, antes de tachar su nombre de la lista : Vladimir Krasenkov, un hombre que se dedicaba al tráfico ilegal de animales salvajes. Los importaba desde Rusia hasta Inglaterra en enormes camiones, haciendo como que era cargamento militar.

Por supuesto el personal que trabajaba en la aduana estaban comprados por el para que le dejaran entrar al país, a pesar de saber cuáles eran sus negocios y qué era lo que realmente transportaba en esos camiones.

Sus nombres eran los siguientes en su lista.

Se movió a la derecha evitando que un trozo de masa cerebral manchara sus botas, antes de guardar la lista en el bolsillo interior de su abrigo.

Una vez que entrabas en su lista solo había una forma de salir.

Tenías que morir, esa era la única salida.

Sergei paseó la mirada por los nombres que había escrito hasta que sus ojos se detuvieron en uno que le sonaba : Liana Petrova. Rusa, metro sesenta, ojos azules. En otras circunstancias quizá podría haber habido algo entre ellos.

El cazador la había estado observando durante mucho tiempo: controlaba sus movimientos con precisión, con quién estaba, que hacía, a qué hora salía de casa, cuánto tardaba en dormirse. En una ocasión la siguió hasta casa, acechando entre las sombras, como un zorro.

No iba a entrar en acción a esas horas de la noche. No quería llamar la atención de sus vecinos y que estos llamaran a la policía, así que se limitó a observarla desde una distancia prudencial. El hecho de que viviera frente a un parque favoreció las cosas, ya que él pudo usar las formas de los troncos de los árboles para ocultarse con facilidad, tal y como le habían enseñado.

Observó con atención cómo metía la llave en el ojo de la cerradura. Escuchó el sonido de la puerta que comenzaba a abrirse : una vuelta, dos, pero antes de llegar a la tercera y abrir por completo la puerta, se giró rápidamente, como si hubiera sentido que la observaba.

Esa fue la primera vez que se vieron, y aquella segunda sería la última.

Kraven recordaba perfectamente en el que sus ojos marrones se posaron en el aquél día. No se movió, ni hizo ningún movimiento brusco, solo se quedó allí mirándolo, al igual que el.

Nadie le había mantenido tanto tiempo el contacto visual sin huir. Solo ella.

Sin poder evitarlo sus ojos azules se tornaron amarillos debido a su poder mientras le seguía manteniendo la mirada. Eso tampoco hizo que se asustara. Sin mediar palabra se giró, le dio la última vuelta a la llave, entró en la casa y volvió a cerrar tras ella, dando tres vueltas de nuevo.

Una sonrisa divertida asomó a sus labios ante sus acciones. Si quería ir a por ella, una puerta no le detendría, pero era gracioso que creyera que una simple cerradura podía mantenerle alejado.

Desde ese día no habían vuelto a verse, hasta ahora.

No era difícil colarse en una base militar. Al menos no para el cazador, quién siempre que podía, actuaba con el mayor sigilo posible. Decidió hacerlo de noche, ya que era el momento en el que reducían las guardias en ese lugar, por lo que tal y como pudo observar, solo había dos hombres a la entrada y otros cuatro protegiendo las escaleras que accedían a las oficinas.

Allí es donde la encontraría. Pero para ello primero tenía que deshacerse de los guardias.

No tenía nada en contra de aquellos hombres, en realidad solo estaban haciendo su trabajo: vigilar. Una pena que en cuánto le vieron acercarse trataran de dar la voz de alarma. Tuvo que matarlos. Dos fuertes golpes en la nuca bastaron para dejarlos K.O.

One Shots : Marvel (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora