『Completa』
En el mundo de la musica, donde los sueños y las pasiones se entrelazan SunHi conoce a YoonGi. Ella a sus 19 años desea aplicar para la Universidad de Artes y Musica de Seúl y toma clases de piano con YoonGi, un hombre que a sus 31 años a...
Comencé a desempeñarme como tutora a la siguiente semana y recibía una paga módica por mi desempeño. El dinero era lo de menos, lo mejor era tenerlo cerca, mirarlo y de vez en cuando acercarme para hablarle.
El curso era de menores que estaban en un nivel básico y nos preocupábamos que aprendieran las escalas musicales, técnicas de principiantes frente al piano lo cual me resultaba muy fácil pero complejo a la vez ya que los pequeños no sabían nada de nada.
—¿No quieres darte un descanso?— YoonGi juntaba las partituras desde los atriles de los pianos y órganos de la sala. La catedra había terminado y era un poco más del medio día.
—Pensaba salir al jardín un momento—Le miré de reojo mientras pasaba por mi costado.
—La siguiente clase es a las 16:00 hrs ¿Pretendes volver a tu casa?— No había pensado en siquiera irme de aquí pero parecía que él ya tenía panoramas.
—No, me tomaría mucho tiempo. Traje una merienda—miré mi bolso colgado en las perchas con mi ración de kimbap que la ama de llaves de casa había preparado para mi.
—¿Entonces pretendes quedarte aquí?
Dejé lo que hacía de lado para mirarle y por alguna razón de conexión él también hacía lo mismo, tras el escritorio con las manos apoyadas en la madera. Su mirada felina estaba puesta en mi fijamente y me provocaba escalofrio; no me mal interpreten, él jamás me daría miedo.
—Bueno, no tengo donde ir—Respondí siendo indiferente para saber que terminaría diciéndome.
—¿Seguro que no tienes un mejor lugar donde ir?— Su cuestionante parecía tener un tono seductor, sin embargo yo era de las chicas que buscaba respuestas claras.
—¿Me darás alguna idea?
—SunHi—suspiró y rió de costado mostrando sus caninos mirando hacia la mesa y luego hacia a mi como si yo tuviera que interpretar su coquetería.
—Nunca he follado a medio día—miré el reloj sobre su cabeza, aquello salió de mi boca como un pensamiento intrusivo.
—Yo no dije que follaríamos, SunHi—relamió su labios y caminó hacia mi —Pero si te apetece no soy quien para negártelo.
Pasó por mi costado con su chaqueta en mano para abrirme la puerta y me invitó a salir. Caminamos hasta el estacionamiento y condujo hasta su apartamento lugar en el cual solo había estado de noche.
Al entrar las pantuflas estaban en la entrada, el par que me correspondía estaba perfectamente acomodado junto a las suyas. Tomó mi bolso desde mi hombro y lo colgó en las perchas junto a la entrada y vi en la libertad de deambular por el lugar mientras él cocinaba con musica suave de fondo.