Ser la segunda esposa del Duque Ploen no estaba en sus planes, ser obligada a casarse por el bien de su familia y nación, pensó que el trato de su esposo sería por lo menos de respeto, no deseaba ser amada por el, porque sabía que el ama a su primer...
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—¿Mamá?—Jubelian abre la puerta del jardín, Eleonor toma el té junto a la nueva incorporación de Regis, una paloma, que vuela después de obtener un panecillo.
—Jubel, pasa.
Se sienta frente a su mamá y saca una carta, la deja sobre la mesa con nerviosismo, Eleonor la toma y lee el contenido, es una invitación pero al ver que su hija sabe que no es cualquier persona quien la está invitando.
—Puedes negarte a asistir, si es que no quieres reunirte con está joven.
—No es eso, lo que sucede es que es la letra de la madre de Mikhail, de seguro es una trampa para... someterme de nuevo.
La duquesa hace memoria y finalmente recuerda a la mujer de edad con cabello verde horrible que según Arthur ya se creía la futura dueña del ducado Ploen, una señora arrogante que no reconoce su posición, trataba a una princesa como alguien inferior cuando ella lo es, se aprovechaba de Jubelian. Aprieta la carta y la deja sobre la mesa, sirve té a su hija.
—Si no quieres reunirte con esa mujer, no lo hagas.
—Siento que si la ignoro encontrará la manera de encontrarse conmigo, si no la enfrento esto nunca se acabara, quiero confrontarla, hacerle ver que ya no debe meterse conmigo, pero tengo miedo de lo que puede suceder.
—Eres la princesa del ducado Ploen, si algo te pasa tu padre es capaz de hacer arder el imperio—Jubelian la mira como si acabará de decir la mayor mentira—Puede que esté exagerando, pero no dudes que si te hacen daño lo pagaran muy caro.
—Me gustaría tener más personalidad.
—A mi también, mira que no hice más que una sola amiga en el banquete imperial—suelta un suspiro y se cansa de solo recordar ese lugar—Por cierto, ¿No te ha llegado nada del palacio imperial?
—No, ¿Debería llegarme algo?
—Solo preguntaba.
Arthur entra con una bandeja llena de bocadillos hechos por el, hace una leve reverencia ante Jubelian y deja en la mesa el contenido, los ojos de la princesa brillan al ver los manjares, toma uno y lo prueba soltando un sonido de satisfacción, es completamente delicioso.
—Sir Arthur, ¡¿Donde compro estas delicias?!—Eleonor come con tranquilidad uno de los mini pasteles.
—No los compre, princesa.
—¿Los hizo el cocinero?—mira el postre y sabe de inmediato que no lo hizo—Lo dudo, ¿Hay alguien nuevo en la cocina.
—No.
—Jubel, Arthur hizo estos bocadillos—confiesa Eleonor.
—¡¿De verdad?!
—Si, es un pasatiempo que disfruto, me ayuda a liberar los malos sentimientos, así como ayudar a pensar y buscar soluciones a los problemas.